Cartas oceánicas

América sigue creyendo en fronteras

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

Acostumbrados a competir, los europeos encontraron la manera de deshacerse de los insípidos amistosos dándole motivos para ganar a sus federaciones, selecciones y jugadores. La Liga de las Naciones en sus primeras fechas, demostró ser una idea con enorme desarrollo. Oficializando cada partido bajo la bandera de UEFA, todo cuenta: la audiencia, los puntos, las convocatorias, las sanciones, las alineaciones y las estadísticas del juego: en Wembley, por ejemplo, Inglaterra nunca perdió un partido oficial que arrancó ganando; España (1-2), remontó una desventaja en Londres por primera vez en la historia. Con estos detalles, el torneo cobrará mayor interés cuando selecciones con menor nivel desafíen a las clásicas intentando escalar divisiones en el ranking; lo mismo sucederá cuando alguno de los equipos más rancios pase la vergüenza del descenso. Por donde se le vea, hay una competencia consciente y constante, que mantendrá a los europeos en un arrollador ritmo de juego, provocando que países sin grandes oportunidades de avanzar rondas finales de Eurocopa o Mundiales, crezcan. Aquí vale la pena detenerse en lo que está pasando en América: nada. Refugiados en dos torneos que permanecen encadenados a los secretos de Grondona, el gran fútbol sudamericano no ha querido, o no ha sabido, encabezar un movimiento continental incluyente. No son miles de kilómetros los que separan a las federaciones, selecciones y clubes del norte y del sur; sino ideales muy distintos para concebir el negocio y el deporte. Mientras Europa revoluciona y rentabiliza en conjunto hasta el concepto de los “amistosos”, en América se sigue discutiendo si la vieja Copa que nos representa, debe ser un moderno torneo continental o un tradicional evento territorial.

josefgq@gmail.com



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