Cartas oceánicas

El deporte como abanderado del cambio (I)

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

Un nuevo recorte en el presupuesto asignado al deporte mexicano confirma la tendencia de los últimos cinco años: sin importar cuál sea la administración, cada periodo recibe menos dinero. No podemos enfocar la discusión en la cantidad que obtiene la Conade del Gobierno Federal, lo que debemos plantear, es la posibilidad de incrementar ese presupuesto mediante otras vías de ingreso. La Conade, perfilada como una organización dedicada a promover los valores y el espíritu deportivo de la Nación, podría abanderar desde su pequeña, pero trascendental parcela, un movimiento para no temer al cambio. Porque, otra de las enormes virtudes del deporte, es la capacidad de contagiar. Tres filosofías distintas para interpretarlo encabezaron el medallero en Río 2016: Estados Unidos, Gran Bretaña y China.

Para los estadunidenses es una razón de poderío, para los británicos una cuestión de honor y para los chinos, un claro mensaje a occidente. En los tres casos el deporte señala un profundo orgullo nacional, el mantenimiento económico de sus estructuras no coincide en la fórmula del éxito. El programa olímpico americano es sostenido por la televisión, los patrocinadores y la derrama económica que el Team-USA produce en el COI; el británico es sostenido por el Estado y fondeado por la Lotería Nacional con el apoyo de la gente; mientras el chino, depende en su totalidad de los recursos que destina el gobierno para montar un equipo que funcione como un ejército al estilo de las antiguas potencias comunistas. Entendiendo que los principios de desarrollo, salud y educación, constituyen el éxito; México debe encontrar un sistema deportivo que fije las bases de los próximos 20 años: sostenibilidad, credibilidad y compromiso. 

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