Cartas oceánicas

El vicario de Ferguson

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

Piedra sobre piedra, el United construyó un templo de grandes campanarios pero puertas muy pequeñas: en 126 años cruzaron por ellas 26 entrenadores, tres de ellos interinos. Más que directores técnicos, en Old Trafford se necesitan párrocos. Las profundas raíces de este equipo le parten el alma en dos mitades: es una institución del siglo XIX que factura como una corporación del XXI.

Entre la Revolución Industrial y Wall Street, uno de los clubes más tradicionalistas del mundo recorre todos los días sus túneles del tiempo: cotiza en Nueva York, donde hombres con Rolex portafolio y mancuernilla, mecen sus papeletas; pero necesita respirar el hollín de las chimeneas, entre los obreros de bufanda y abrigo de poliéster. Manejar al United representa un constante dilema: es el más rico de los clubes pobres y el más moderno de la antigüedad. En esa contradicción, encuentra su virtud: compite mejor cuando se olvida del dinero y juega con grandeza cuando asume que es un club viejo. Esa condición tan particular, le exige tener en casa lo que no se encuentra en el mercado: audacia y valentía. La defensa casi religiosa de estos principios, le convierten en un equipo de monjes locos.

Jugar en el United, dirigirlo o apoyarlo, requiere cierta fascinación por el medioevo. En las últimas semanas ha ganado seis partidos consecutivos. No sucedió con Moyes, un heredero ficticio; ni con Van Gaal, doctor en matemáticas; ni con Mourinho, general de sus propias batallas; sucedió con Solskjaer, un novato de la vieja guardia. La racha es la mejor para un técnico debutante.

Ningún entrenador en más de un siglo, había ganado sus primeros seis partidos en el cargo. La receta de Solksjaer es muy simple, antes de llegar a Old Trafford, tomó el té en casa de Ferguson: agua caliente, una cucharada de hojas, media de azúcar y un chorrito de leche. Cinco años y cuatro entrenadores después, el United abrió más veces el libro contable que las recetas de familia. Con Solksjaer, el vicario de Ferguson, vuelve un estilo que el futbol creía olvidado: cuando mires el marco no dudes, avanza; y si tienes la pelota cerca del área, no pases, dispara. El viejo juego del United era tan sencillo, como una taza de té.



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