Cartas oceánicas

Extremo izquierdo

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

Al minuto 70 detuvo el calentamiento, recogió sus largas piernas, se ajustó unos guantes negros, y sin ademanes galácticos, sustituyó a McGlinchey, seleccionado neozelandés. Debutante con 32 años, Usain Bolt entró al campo con la inocencia del novato y la mirada del salvaje competidor. Un corredor que se había vuelto un dios en las grandes pistas, era presentado en el pequeño campo del Bluetongue Stadium de Gosfrod, en Nueva Galés del Sur, como un experimento biológico: ¡Miré al hombre más rápido de la historia jugando al futbol! El cartel colgado por el Mariners australiano en un juego de pretemporada, provocó más desprecio entre los puristas del deporte, que curiosidad entre sus aficionados. Ambos especialistas, los de atletismo y los del futbol profesional, consideran la decisión tomada por Bolt y el Club que le contrató, como una broma. Hasta el momento, nadie ha tomado en serio la pasión por este juego que demuestra el corredor. Menospreciando al atleta que logró dominar el relámpago, ninguno le concedió el mínimo porcentaje de éxito cuando la primera pelota que tocó por la banda izquierda, le rebotó en la pantorrilla derecha. Con el partido a favor de su equipo 6 a 0, el velocista pisó al área en el último minuto llegando tarde al remate por un segundo. La fascinante jugada confirmó con lujo de detalle que el futbol no es velocidad, sino ritmo. Diez equipos componen la A-League, el nuevo reto de Usain Bolt: una competición en las antípodas, inaugurada en 2005, con promedio de asistencia de 12 mil fanáticos, un socio digital como FOX, y un sponsor audaz como Hyundai. Los australianos, dispuestos a llamar la atención de FIFA en la búsqueda de una candidatura para el Mundial, arrancan un largo camino a toda velocidad.

josefgq@gmail.com



OPINIONES MÁS VISTAS