Cartas oceánicas

La época del minuto

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

Un minuto en el más grande de los torneos, es suficiente para menospreciar la más grande de las temporadas. Los vecindarios del futbol, como los de ningún deporte, manifiestan obsesión con la búsqueda inmediata del fracaso. ¿Un equipo que ha revolucionado su entorno centenario ganando de una forma diferente, puede fracasar en un minuto? De acuerdo a los tribunales del futbol, sí. Cuando el City de Guardiola marcaba el gol del la victoria en semifinales de Champions contra el Tottenham de Pochettino, el mundo preparaba otro altar.

Al gol del City le precedía una durísima campaña en la Premier que podía coronar con el bicampeonato, y una colección de Copas inglesas por detallar. Revisado por el VAR un minuto después, y consumada la anulación del matrimonio con la historia, se desmontó el altar y se señaló el precipicio. Guardiola caminó por el desfiladero junto a un grupo de futbolistas que asumieron un papel trascendental en la evolución del juego. Porque este City que antes fue Bayern, y mucho antes Barça, es el mismo equipo con diferentes jugadores.

Pero la audiencia práctica, encendida por la hoguera digital, prefiere dictar sentencias instantáneas. Un minuto es la medida para juzgar una década: el mejor futbol de nuestros tiempos es un fracaso por no ganar la Champions cada año. A los tres equipos de Guardiola les debemos la explicación del futbol con sencillez, es posible que con esa forma tan sencilla de entenderlo, la mayoría caigamos en la tentación de pensar que todo esto es muy fácil. El City varonil consiguió por primera vez en la historia del futbol inglés, ganar Premier League, Copa de la Liga, FA Cup y Community Shield, la misma temporada. Se le escapó la Champions -otra vez dirán sus examinadores-, durante una jugada que existió un minuto. Algo falla con el deporte moderno cuando se prefiere contar fracasos, minutos y millones, antes que valorar la importancia de una época que cambió la forme de mirar el juego. El City, último eslabón del futbol, como su técnico, creador de una revolución, corren el riesgo de ser juzgados con la crueldad de la simpleza: no ganaron la Champions, y cualquier otra cosa que hayan hecho es poca cosa, porque en un minuto, se olvida.

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