Cartas oceánicas

Lainez, quejío y quiebro

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

El aficionado clásico al Betis, no al Betis de Sevilla, porque Sevilla según los béticos es del Betis; resulta flamenco, exuberante, ocurrente y dicharachero. Pero posee una particularidad que le hace diferente al resto: fanfarronea su sufrimiento. La frase “Viva er Beti manque pierda”, le estigmatiza desde el cante jondo suscribiendo como slogan una letra llorosa de su antiguo himno: “Luz en la mañana, y en la noche, quejío y quiebro; Betis, musho Betis, en este mundo, lo que más quiero”. Los béticos son ante todo, seguidores del drama. Pero ese apego a la tragedia que les ofrece una causa romántica, no les impide ser uno de los colectivos más razonables del juego.

Esa dualidad no es fácil de encontrar en un estadio, los equipos con una afición tan espiritual como conocedora, tienen en su tribuna un gran éxito: tradición, lealtad y exigencia. Queda poco futbol que enseñarle a la afición del Betis, lo ha sufrido casi todo. Sin ser un equipo grande, tiene el tamaño necesario para llamarse histórico, más que por conclusión deportiva, por una razón social: se proclama como un pueblo. Bien identificado en el ambiente andaluz, los viejos le comparaban con Curro Romero, el Faraón de Camas era capaz de salir a hombros una tarde en la Maestranza, y al día siguiente, huir del toro. El equipo de Quique Setién, técnico criado en las rústicas provincias cántabras, pero refinado en las altas escuelas, sigue esa forma de vida: puede ganarle al Barça marcando cuatro goles en el Camp Nou, pero perder frente al Huesca en el sencillo Alcoraz.

Diego Lainez llega al Betis en un momento de transición en su historia, cada vez menos dramático, y más dispuesto a la constancia de un estilo dominante. Al barrio de Heliópolis se le reconoce en los últimos tiempos como una civilización respetuosa con el juego. Esto beneficia a un futbolista como Lainez, que en caso de quedarse en Sevilla y no ser cedido a otra Liga que le embarnezca, disfrutará de un cuadro al que le gustan las posesiones largas, un magnífico trato a la pelota, su buena recuperación tras pérdidas y defenderse con ella. Al Betis le hace falta gol y verticalidad, con más trapío y mucha paciencia, Lainez llevará esta responsabilidad.

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