Cartas oceánicas

Los juegosdel hambre

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

Doce jugadores bajan de un autobús tras viajar 900 kilómetros desde una pequeña localidad del interior de Cataluña muy cerca de la Costa Brava, hasta la ciudad de Málaga, en la Costa del Sol. Los sobrevivientes de las deudas del Deportivo Reus, once hombres de campo más un portero, llegaron a la Rosaleda con una manzana, un sándwich, una Coca-Cola y una magdalena en el estómago. Se cambiaron, calentaron, jugaron con lo que llevaban puesto y ganaron 0-3 el partido.

En las últimas semanas, este pequeño equipo ha ido perdiendo jugadores por falta de pago. Para el fin de semana en el que se jugó la fecha 20 de Liga, en la segunda división española, solo le quedaba una docena de futbolistas, los suficientes para presentarse con dignidad a un juego dentro de un campeonato profesional. Sin importar las condiciones, los doce del Reus ganaron; dirían los cronistas clásicos que tuvieron hambre.

El hambre en el deporte es un lugar común, mal empleado en la mayoría de los relatos que acuden a ella como un recurso milagroso para explicar triunfos inexplicables. Pero en efecto, los jugadores del Reus jugaron ese partido con un hueco en el estómago: salieron al campo muertos de hambre.

Muy lejos de ahí, Frank Ribéry, que conoce bien las profundidades del futbol marginal, fue multado por el Bayern tras una disputa en redes sociales con sus aficionados. Los fanáticos que atacaron a Ribéry, cuestionaban al jugador haber compartido un video en el que se preparaba para comer un filete de res laminado de oro en uno de los restaurantes de moda en Dubái, al que acuden muchos deportistas como parte de la promoción del lugar.

Libre de elegir el menú que le apetezca, sobra decir que con el dinero que gana Ribéry, puede pagarse el sueldo anual de los jugadores del Reus. Situado siempre en los extremos, el futbol es uno de los pocos deportes donde los salarios parecen ser más importantes que el juego. Es común citar como ejemplo para explicar el profesionalismo, a aquellos jugadores que ganan menos, en comparación con los que ganan más. En el caso de Ribéry con su filete dorado y los doce del Reus con su sándwich de fiambre, es el futbol y no el dinero, el que pone a cada quien en su lugar.

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