Las posibilidades del odio

José Agustín 2019

Juan Carlos Hidalgo

Para Homero Ontiveros


El reguetón no es el nuevo punk; el trap no es el nuevo punk; el vapor wave no es el nuevo punk; Luismi no es el nuevo punk. El punk es el punk y el rock es el rock. Cada cosa tiene y obedece a su tiempo y su momento, y se explica a partir de un análisis a detalle del contexto. Así se lo he aprendido de Simon Frith, ensayista musical de excepción, y lo recuerdo cada vez que regreso a los libros del gran José Agustín.

El próximo viernes estaré en la feria del libro organizada por la Universidad Autónoma de Nuevo León para participar en las Jornadas de Rock y literatura (junto a eminentes escritores). Revisitar al autor de La tumba y De perfil es materia obligada; porque además hay nuevas versiones de Se está haciendo tarde (final en la laguna) y El hotel de los corazones solitarios. La primera es una novela vertiginosa sobre una acapulcazo atascado, y el segundo es un compilado de sus artículos sobre música y sus vínculos con el cine y la literatura; como es el sello del gran maese. En esa relectura uno reitera los fundamentos: “Mi generación, entonces, implica un espíritu inconformista, contestatario, anarco y dionisiaco, que busca renovar lo viejo”.

José Agustín será siempre tiempo presente zarandeado por la insolencia del futuro; es un rock extendido que sigue resonando y sintiéndose en las tripas. ¿Qué debería seguir siendo?, el columnista de La cocina del alma lo precisó: “Con su alta energía, contemporaneidad y su estética “antiestética”, el rocanrol era una liberación emocional para los jóvenes y una provocación subversiva para la sociedad”. El problema se suscitó cuando el negocio entró por la puerta. Ya tendremos oportunidad de detallarlo en la UANLeer; dónde seguirá siendo sólo rock.


circozonico@hotmail.com

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