Las posibilidades del odio

Premios falsos

Juan Carlos Hidalgo

Nos encanta hacernos los tontos, engañarnos; fingir que no nos damos cuenta de las cosas y de su verdadera naturaleza. En diferentes ámbitos lo que priva son los intereses, las influencias y las estrategias de posicionamiento –cueste lo que cueste-.

Anoto estos apuntes no sólo convencido de que por la noche Roma recogerá varios premios durante la ceremonia de los Oscares, sino repensando varias veces el hecho de que un álbum no tan relevante en la discografía de Zoé como lo es Aztlán, que no alcanza las cotas de calidad e inspiración a las que llegaron con Rocanlover (2003) y Memo Rex Commander y el Corazón Atómico de la Vía Láctea (2006), obtuviera el Grammy internacional a mejor álbum de rock latino.

Me costaba –y aun me cuesta- entender a la Academia norteamericana. Algo hay de empecinamiento en no querer entender –o hacer como que no entiendo-. Dando vueltas al asunto, le pregunté al periodista Homero Ontiveros: ¿Por qué ganó Zoé el Grammy con un disco tan mediano como este? Y lapidariamente me respondió: porque es una farsa, un negocio.

Por supuesto que lo sabía, y siempre hay que desconfiar de todas las entregas de premios –como de todos los políticos-. Hoy por la noche van a premiar a Netflix –el verdadero y gran ganador-; se va a imponer una vez más el tráfico de influencias y las campañas de marketing. No creo que a nivel internacional recupere la transmisión el rating perdido; claro que en México si va andar por las nubes y muchos incondicionales ya están matando el guajolote para hacerle su mole a Roma y juntando llaves para erigir una estatua a Cuarón en la calle de Tepic.


circozonico@hotmail.com





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