Los que están mirando

Carta de identidad del Consejo Cultural Ciudadano (CCC)

Juan Carlos Porras

De todos es sabido que “la buena voluntad no es suficiente para lograr un buen propósito”, apunta Jorge Labarthe Ríos en su ponencia sobre Promoción cultural: condiciones y problemas, donde para poder operar un plan maestro de trabajo, en este caso referido a impulsar la Cultura y las Artes debemos establecer un marco referencial —a manera de “Diagnóstico” fundamental— que nos guíe a detectar los recursos humanos y materiales con los que contamos al igual que las necesidades específicas que nos lleven a consolidar una estructura operativa.

De lo anterior derivan las necesidades y luego, por supuesto, vendrán las “Acciones de inicio” hasta llegar a las “Acciones permanentes” que nos llevarán, de manera posterior, a establecer los proyectos y programas que beneficien a la ciudadanía desde la política cultural.

Ahora bien, definamos entonces qué diantres significa la política cultural.

Dicho término “política cultural” designada a una zona muy diversificada de programas, proyectos y acciones culturales generados por gobiernos federales y estatales, [y municipales] por universidades y por empresas privada1 ”.

Esto es que: “La posibilidad de desarrollar políticas adecuadas depende, en buena medida, de la calidad de la información disponible; un sistema con información confiable y relevante para los objetivos y metas de la política cultural pues no se desarrolla de manera espontánea, por el contrario, debe ser diseñado, construido y operado como elemento fundamental para la formulación y evaluación de políticas culturales2 ”.

Para ello necesitamos desarrollar un proyecto con soporte conceptual —tanto en contenidos que potencie su autogestividad— que nos lleve a obtener una reflexión sistemática y permita que un Consejo Cultural Ciudadano se inserte y abogue por la Cultura por la paz y la convivencia social en el entendido de un movimiento progresista que mantenga la vinculación con la (tan necesaria) educación artística y la educación para la ciudadanía.

En resumen, el trabajo necesario y diseñado tiene que llegar a los diversos sectores, a saber: niñas, niños y adolescentes, jóvenes y adultos; adultos en plenitud y demás grupos vulnerables donde se debe responder a sus necesidades de Cultura y Artes y aún más a sus Derechos Culturales como lo consagra, no sólo nuestra Carta magna sino también la Ley General de Cultura federal (vigente) y la subsecuente Ley de Derechos Culturales para el Estado de Guanajuato próxima a tener vigencia (21 de octubre).

Si nuestros gobiernos municipales y del Estado entendieran lo anterior sería más eficaz la política cultural que llevaría a Guanajuato a, no sólo ser un escueto destino cultural para el turismo sino a ser una potencia en materia cultural donde la población local, económicamente activa, esté dispuesta a pagar un servicio de primera calidad y de gran contenido, pero a un costo razonable —por el bono de bienestar que tiene y provee la política del gobierno y la empresa privada— como también a la integración factible de la Canasta cultural básica que todos debemos tener en música, danza, teatro, artes plásticas, literatura, cinematografía y todo lo demás.

La ciudadanía en general requiere que las instituciones públicas y privadas en la citada materia sean solventes en su ser y quehacer e influyan en el desarrollo cultural que necesitamos. Sólo así podremos abonar al tejido social tan disuelto que tenemos por estos lares por la ola de violencia del diario cotidiano y el retraso educativo que también tenemos.

En fin.

De todo lo señalado el recién integrado Consejo Cultural Ciudadano (CCC) que preside el Mtro. Francisco Javier Zavala Ramírez con un grupo de artistas de la región, quiere, desde su particular óptica, insistir que los ciudadanos incrementemos nuestro acervo de Cultura y participación política a través del diseño, construcción y operación de la política cultural bien hecha sin perder de vista los derechos culturales que ahora nos asisten.

Recordemos que ya viene la creación del Plan Estatal de Cultura con el nuevo gobierno (25 de septiembre) y antes del cierre del ciclo presupuestal (noviembre 18), las nuevas autoridades deberán permitir hacer una reflexión pública, consciente y congruente con los nuevos tiempos de la Cuarta república tanto en el Congreso local como en los cabildos de los Ayuntamientos a través de la ciudadanía y los artistas en general.

De allí que la buena voluntad no sea suficiente como ya lo señalé.

Por ello necesitamos, insiste con rigor el citado maestro Zavala, a los protagonistas del quehacer cultural para que nos ayuden a repensar la ciudad y la región bajo el marco de la ley para la elaboración de los programas y acciones encaminadas al fomento y desarrollo cultural de Guanajuato3.

1 Carlos Montemayor en “Apuntes sobre políticas culturales en México”. Ver: Política cultural para un país multiétnico. Coloquio sobre problemas educativos y culturales en una sociedad multiétnica, Coord. de Rodolfo Stavenhagen y Margarita Nolasco, SEP, 1988, p. 56

2 “Introducción” del Atlas de infraestructura cultural de México, CNCA-México, 2003, p. 9

3 Ley de Derechos Culturales para el Estado de Guanajuato, DOG 20-abril, vigente a partir del 21 de octubre de 2018.

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* Editor fundador de Grupo Ochocientos y actual director del Centro de Investigación y Estudios Literarios de León (CIEL-LEÓN).

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