Instinto de conservación

De besar, educación y de política

Juan Miguel Alcántara Soria

Este lunes inició el ciclo escolar. Leyendo a Arturo Pérez Reverte esa mañana me vinieron a la mente vivencias y reflexiones añosas: recuerdos de compañeros que avientan con ropa a otros a la alberca, algunos solo recuperan sensación de bienestar si tiran a más; en distintos escenarios: alguien les salpica de lodo y reacción es provocar más enlodados, para estar tranquilos. Al tiempo ya no es solo juego: hay pautas de conducta generalizadas para que quien ya está en la cloaca adormezca su conciencia si sumerge a más en mediocridad, corrupción, prostitución, violencia. Hay quienes consideran se merecen ser despreciados y luego despreciarse a sí mismos.

Leo a Pérez Reverte: “El talento incomoda como nunca. Los mediocres, los acomplejados, los bobos, necesitan que la vida descienda hasta su nivel para sentirse cómodos, y es destruyendo la inteligencia y ensalzando la mediocridad como están a gusto”.

Y refiere actitud escolar de estudiantes que por miedo se rebajan al nivel de más torpes, convirtiéndose en rebaño: “No se busca ya que nadie quede atrás, sino que todos queden atrás”. De ahí que se diga que cada portador de suciedad tiene poder de ensuciar a los demás.

Yo también iniciaré ciclo escolar universitario donde provoco siempre a mis alumnos asomarse a “La Política” de Aristóteles y leerán: “todo ciudadano debe apreciarse como igual”. La dignidad humana corresponde por igual a todos, y se debe respeto a todos. No la igual indignidad de la cloaca, sino la que parte de la autoestima y de la razón; la que reconoce que la reciprocidad basada únicamente en el provecho personal no puede generar solidaridad; y por eso la política es asunto de todos y permite dar a cada quien lo suyo y a la misma sociedad lo que le corresponde; democracia es acción social que procura la inclusión de todos o del mayor número posible, y donde se gobierna con argumentos razonables y racionales que pueden ser entendidos o compartidos por los demás, por lo que las verdades en política requieren de discusión y de acuerdos siempre revisables.

Gilbert K. Chesterton (Ortodoxia) nos enseña que participar en política es algo parecido a besar. Hay acciones que son aceptables para quienes las hacen y para quienes las reciben si son hechas por las personas legitimadas, como el beso, que tiene sentido si lo da quien quiere besar y para quien es besado. No importa la destreza de besar sino recibir el beso de quien se quiere. Guardada las proporciones, las decisiones que tomarán las próximas autoridades electas tendrán ese primer sentido porque provienen de ciudadanos que los votaron y que luego serán destinatarios y llamados a acatar las normas o políticas que se establezcan. Una tercera parte de ciudadanos mexicanos disfruta ya primores besucones. Pero esa legitimidad de origen debe luego ganar legitimidad en el ejercicio del poder logrando bien común, concretando condiciones económicas, sociales, políticas y culturales que permitan y favorezcan el desarrollo integral de todas las personas y grupos. León Felipe proponía: “no es el reto llegar antes o primero, sino todos juntos y a tiempo”. No permitamos que el futuro sea de tontos y cobardes quienes procurarán no que nadie quede atrás, sino todos quedemos atrás. Prudencia, fortaleza, justicia y templanza. Y querer seguir besando.

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