Instinto de conservación

Javier Usabiaga Arroyo

Juan Miguel Alcántara Soria

Vicente Fox y yo recorríamos el estado de Guanajuato, 1991, él, primera vez candidato a gobernador, yo, candidato a senador, cuando conocí a Javier Usabiaga. Foro sobre el agua y el campo guanajuatenses en que Javier participó; su prestigio como agricultor exitoso lo precedía; supe entonces que Guanajuato era la entidad con la cuarta parte de pozos del país, la que más extrae agua del subsuelo y que había que introducir sistemas de riego para no tirarla.

Cuando Fox lo integró a su equipo de gobierno como secretario agropecuario era yo diputado local y tuvimos oportunidad de evaluar sus resultados, de los mejores. En 2005, inminencia de tiempos de elección de candidato a gobernador que sucediera a Juan Carlos Romero Hicks; me uní a los que consideramos a Javier –entonces titular de SAGARPA en gobierno federal de Fox- candidato idóneo para ese cargo.

Entre ellos estaba Ramón Martín Huerta, secretario de Seguridad Pública. Ramón tejía fino, primero con el mismo Presidente y luego con las estructuras partidistas, para abrir paso a esa candidatura. El 21 de septiembre Ramón falleció en lamentable accidente y no pudo culminar el propósito. Fox tardíamente autorizó la salida de Javier del gabinete y a paso veloz nos propusimos recuperar el tiempo y terreno desfasados. Organicé encuentros en casa con Javier y liderazgos locales y participamos de estrategia -en la que los agricultores del estado eran los más entusiastas- para convencer a los panistas de la candidatura de Javier. Nos ganó el aparato burocrático partidista jefaturado por Juan Manuel Oliva y Guanajuato se perdió un magnífico gobernador, en mi opinión.

A partir de ver juntos en la misma dirección encontramos más coincidencias, como las corridas de toros. Cada tres años buscamos candidatos idóneos que impulsar para distintos cargos. Y hace seis años, luego de las elecciones presidenciales perdidas por el PAN, nos reunimos con otros panistas para otear el futuro. Luego impulsamos candidatura de Javier Corral a presidencia del partido. En última elección presidencial apoyamos primero a Margarita Zavala, a quien ambos acompañamos en abril, y luego que ella declinó, Javier optó por su ex-colaborador y amigo, José Antonio Meade; acepté invitación a comida que le organizó en mayo en Celaya. Fue la última vez que convivimos; se sabía en paz con su conciencia. Más allá de su inocultable amor al campo -su pasión-, de su éxito internacional como agricultor y su prestigio de servidor público serio, con carácter, trabajador, yo destacaría su visión de la dirección política que consideraba obra a realizar mediante la inteligencia deletreada por la naturaleza, muy distante de la agudeza del político astuto o la habilidad retórica de un demagogo. Supo diferenciar ser hombre de bien y buen ciudadano; no bastaba ser buen empresario agrícola, quiso gobernar porque con prudencia sabía mandar y supo antes obedecer: entendiendo la naturaleza de la tierra encontró su destino y generó las estrategias con las que hoy nuestros campos y agricultores tienen las fortalezas agrícolas para enfrentar retos a EEUU y Canadá. Al cruzar el Bajío se notan invernaderos y sistemas de riego de su hechura. Nunca fue a los cargos públicos a ganar ni a obtener, sino a dar lo mejor de sí sin cobrar por su desempeño.

México necesita más Javieres Usabiaga: El Juez que no es tramposo seguro te dirá: bienaventurado, lo hiciste bien.

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