Malos modos

‘Narco CdMx’

Julio Patán

Nos dijeron y repitieron en la administración pasada que el crimen organizado no se había apoderado de la capital. ¿Se acuerdan? Que las ejecuciones a tiros, y las quejas por el cobro de protección, y los levantados eran resultado de las pugnas entre bandas de narcomenudistas: peccata minuta. Hoy sabemos que o no se enteraron, o se enteraron, no hicieron lo que tenían que hacer y nos mintieron. Y lo sabemos por un trabajo periodístico de mucho mérito: el libro Narco CdMx: el monstruo que nadie quiere ver, de tres reporteros de raza: Sandra Romandía, David Fuentes y Antonio Nieto, que construyen con detalle, paso a paso, la historia de cómo este supuesto santuario, este oasis, cayó.

Como en un juego de unir puntos, los autores recuerdan y tejen: los 13 secuestrados del bar Haven, el cobro de protección a los bares y antros de la Roma o la Condesa, las cabezas que aparecieron en el aeropuerto hace años como una señal que no se supo interpretar, aquel policía asesinado, el reinado de sangre de La Mano con Ojos, lejos de ser episodios asilados, son parte de una historia escalofriante: la de cómo tres cárteles: Unión Tepito, formado por una iniciativa de La Barbie, según descubrimos en estas páginas, el de Tláhuac y recientemente el Jalisco Nueva Generación, comparten y se disputan las riquezas de la capital, que por supuesto está muy lejos de ser el remanso de paz que alguna vez quisimos ver. Y la historia está contada impecablemente, con reconstrucciones meticulosas, con documentación rigurosa, con claridad. Con pulso de reportero, pues.

Narco CdMx es un “último llamado”, en palabras de los autores. Y sí. Y da miedo. Romandía, Fuentes y Nieto cuentan la historia de esta caída hasta hace no mucho, cuando la nueva administración ya había sentado sus fueros. Lejos de haber mejorado, desde la toma de posesión las cosas parecen fuera de control: se multiplican las muertes por luchas territoriales, pero también esos delitos que paga el ciudadano común, y caro: asaltos, robos violentos, secuestros exprés, robo de autopartes. Lo dice eso que tanto odia la 4T: los datos. Los que sí consideraron los autores de este libro tan necesario.

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Nada sugiere que el problema del gobierno de Sheinbaum sea la corrupción. Pero erradicarla no era la receta mágica que nos convertiría en Noruega. Hace falta mucho más. Esperemos, pacientes.

@juliopatan09

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