Apuntes financieros

Santa Lucía: otra mala noticia

Julio Serrano Espinosa

Opacada por los terribles reportes de violencia de la semana pasada, una noticia que tampoco fue buena fue el arranque del nuevo aeropuerto de Santa Lucía.

Confieso que he pecado de ingenuo en este tema. Reconozco que me agarró por sorpresa la decisión de López Obrador de cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Cuando lo proponía en campaña, siempre pensé que era solo retórica y que al llegar al poder y evaluar seriamente la abrumadora evidencia a favor de terminar el NAIM, reconsideraría.

Después creí que jamás construiría Santa Lucía y que dejaría “vivo” el NAIM para que lo retomara la siguiente administración, en lo que representaría un compromiso entre la lógica y su posicionamiento político. Los argumentos son demasiado contundentes en contra de abandonar por completo Texcoco y seguir adelante con Santa Lucía, pensé. Me equivoqué de nuevo.

El NAIM llevaba más de una tercera parte construido. Fue el producto de un análisis detallado de décadas sobre el mejor lugar para ampliar la capacidad aérea de la zona metropolitana. Tenía el visto bueno de las autoridades aeronáuticas más reconocidas del mundo. Contaba con todos los permisos, incluido el de impacto ambiental. Posicionaba a Ciudad de México como un hub regional y cubría nuestras necesidades aéreas de largo plazo. Cancelarlo costó la friolera de 75 mil millones de pesos.

El argumento que se ha utilizado una y otra vez para justificar la decisión ha sido la corrupción. No es suficiente. El Presidente debe ofrecer argumentos técnicos. Es como decir que 2+2 no es 4 porque el alumno copió en el examen. Que haya hecho trampa no implica que la respuesta sea incorrecta. Si López Obrador considera que hubo corrupción —algo muy probable— que la castigue, pero que no invalide un proyecto cuya lógica es aplastante.

Ni la ubicación, ni la capacidad, ni los requerimientos técnicos de Santa Lucía son los ideales. El aeropuerto está muy lejos para servir de apoyo al actual aeropuerto y muy cerca para no afectar el tráfico aéreo. Su capacidad para expandirse y cubrir las necesidades a futuro de la zona metropolitana está limitada. No funcionaría de hub.

Utilizar las fuerzas armadas para construir Santa Lucía hacía poco sentido antes y menos ahora con los ataques del narco de la semana pasada. Es evidente que los militares tienen mejores cosas que hacer en estos momentos. Las expectativas sobre la terminación del aeropuerto son poco realistas, por no llamarlas fantasiosas. Aunque el titular de la SCT recién afirmó que está listo el plan maestro, así como otros estudios requeridos, todavía no se han dado a conocer por lo que no pueden ser evaluados.

Pero lo peor es la señal que manda. Cancelar primero un proyecto que hacía todo el sentido del mundo y ahora sustituirlo por otro que hace poco, habla de un líder que desestima la evidencia técnica y toma decisiones trascendentales sin los suficientes fundamentos.

juliose28@hotmail.com

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