Apuntes financieros

Bienvenida la ley ‘fintech’

Julio Serrano Espinosa

Por fin, tras años de gestación, desde el lunes pasado la ley fintech es una realidad. En hora buena.

En los últimos años han surgido en el país —y en el mundo entero— empresas que utilizan la tecnología para ofrecer servicios financieros que van desde pagos electrónicos hasta fondeo colectivo. Hoy existen en México más de 300 de dichas empresas, conocidas como fintech. Su cantidad y participación de mercado ha crecido a ritmo acelerado y, si no se les imponen obstáculos innecesarios, todo apunta a que seguirán creciendo.

Como suele suceder con cualquier modelo de negocio innovador, la regulación vigente tarda en adaptarse. Por desgracia, la tendencia es a menudo de sobrerregular en supuesto beneficio de los consumidores. Cuando se trata de temas financieros, en los que hay dinero de por medio, las autoridades suelen ser aún más cautelosas. El problema es que en ocasiones esta cautela tiene como víctimas la innovación y la competencia.

Para su crédito, los encargados de formular la ley fintech lograron encontrar un buen balance entre proteger a los consumidores y fomentar la innovación y la competencia. Me hubiera gustado quizá una legislación más favorable para el pujante sector fintech, pero debo reconocer sus virtudes. Ofrecer reglas claras para operar siempre genera certidumbre tanto para las empresas como para los inversionistas. Además, todas las medidas que estimulen la competencia en el sector financiero deben ser aplaudidas.

Impulsar nuevas tecnologías para brindar servicios financieros a la población hace todo el sentido del mundo. México es un país con muy baja penetración financiera. Menos de la mitad de la población tiene acceso al sistema bancario. El porcentaje de crédito al sector privado respecto al PIB no rebasa 40 por ciento. Son muy pocas las terminales punto de venta que existen en el país.

La baja penetración es muy costosa para aquellas personas y empresas que están excluidos del sistema financiero nacional: obtener un crédito es sumamente caro, si es que está disponible; levantar capital para un negocio emprendedor es casi imposible; para realizar pagos hay que utilizar efectivo, un método poco eficiente y peligroso en comparación con tarjetas de crédito, y otras plataformas de pago digital; mover dinero de un lugar a otro es sumamente complicado y caro.

Gracias a los avances de la tecnología y la creciente penetración de smartphones es posible solucionar muchos de estos problemas. Hoy nuestros teléfonos celulares tienen la capacidad de actuar como mini sucursales bancarias y las empresas fintech están aprovechando esta nueva realidad.

Me da gusto ver que nuestras autoridades no están buscando frenarlas con regulación innecesaria.

juliose28@hotmail.com

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