Apuntes financieros

El cambio en la manera de medir la inflación

Julio Serrano

Puede parecer un asunto puramente técnico, con pocas o nulas repercusiones en la vida de los mexicanos. No lo es. El reciente cambio en la manera en que se mide la inflación nos afecta a todos profundamente.

En teoría, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) debe reflejar lo mejor posible el aumento en el costo de la vida para los mexicanos. Por supuesto que no es una medida perfecta. Como el consumo varía entre las personas de acuerdo con sus necesidades individuales, es imposible contar con un índice que capture el impacto de los precios de todos los mexicanos. Habrá, por ejemplo, quienes consumen más gasolina que otros, por lo que un incremento en el precio del combustible les afectará de manera desproporcional.

Lo que busca el INPC es medir el consumo de un mexicano promedio. Pero los patrones de consumo van cambiando con el tiempo. Hace unos años, por ejemplo, el porcentaje del gasto que destinábamos a alimentar a nuestras mascotas era relativamente bajo, mientras que el que asignábamos a llamadas de larga distancia era relativamente alto. Factores como el cambio demográfico (una mayor representación de los millennials), los avances de la tecnología y las modificaciones regulatorias han provocado que estas proporciones se inviertan.

A raíz de estos cambios, el Inegi decidió modificar los parámetros con los que mide la inflación. Hace bien. El índice necesita ajustarse de vez en cuando para reflejar lo mejor posible la realidad de la población.

Pues resulta que la realidad es más cara de lo que se pensaba. Con los cambios de metodología, expertos coinciden en que lo más probable es que el nuevo índice, el cual entró en vigor la primera semana de agosto, arroje una mayor inflación a la esperada con el viejo.

¿Por qué nos debe interesar este cambio? La inflación es una de las variables más importantes en la economía. Múltiples decisiones con consecuencias directas en la vida de los mexicanos se desprenden de ella. Gran parte de las negociaciones salariales, por ejemplo, toman como base al INPC.

Quizá menos directo pero no menos relevante para la gente es el efecto de la inflación en la política monetaria. El Banco de México tiene como mandato mantener una inflación baja y estable. Si percibe que va en aumento, entonces puede optar por subir tasas de interés, lo que a su vez puede reprimir la economía. Otras variables relevantes como el tipo de cambio y la política fiscal también dependen en cierta medida de la inflación.

Qué bueno que tengamos un INPC más realista. Sin embargo, hay que ser conscientes de que la mayor inflación que probablemente arroje tendrá consecuencias profundas en nuestras vidas.

juliose28@hotmail.com

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