Mundo Industrial

Espejitos virtuales por activo más valioso: nuestro flujo de datos

Luis Apperti

Esta semana en Singularity Hub, encontramos un artículo muy interesante de un extracto del libro de Yuval Noah Harari, denominado “21 lecciones para el siglo 21”.
“Las mismas tecnologías que podrían hacer que miles de millones de personas sean económicamente irrelevantes también podrían facilitar su monitoreo y control.”
Las revoluciones en la tecnología de la información y la biotecnología, todavía están en pañales y, el grado en que son responsables de la actual crisis del liberalismo es discutible.
La mayoría de las personas son apenas conscientes -si es que lo saben-, del auge de la Inteligencia Artificial (IA) y su posible impacto en sus vidas.
Sin embargo, es indudable que las revoluciones tecnológicas que ahora cobran impulso en las próximas décadas, enfrentarán a la humanidad con las pruebas más difíciles que haya afrontado.
Debemos otorgarle una prioridad mucho mayor a la comprensión de cómo funciona la mente humana, particularmente, cómo podemos cultivar nuestra propia sabiduría y compasión.
Si invertimos demasiado en IA y muy poco en desarrollar la mente humana, la inteligencia artificial muy sofisticada de las computadoras podría servir solo para potenciar la estupidez natural de los humanos y nutrir nuestros peores (pero también quizás más poderosos) impulsos, entre ellos la codicia y el odio.
Si queremos evitar la concentración de toda riqueza y poder en manos de una pequeña élite, debemos regular la propiedad de los datos.
En el siglo XXI los datos eclipsarán la tierra y la maquinaria, como el activo más importante, por lo que la política será una lucha para controlar el flujo de datos.
¿Los datos recopilados sobre mi ADN, mi cerebro y mi vida me pertenecen a mí, al gobierno, a una corporación o al colectivo humano?
La carrera para acumular datos ya está en marcha, y actualmente está encabezada por gigantes como Google, Facebook y en China, Baidu y Tencent. Hasta ahora, muchas de estas empresas han actuado como “comerciantes de atención”, captan nuestra atención al proporcionarnos información, servicios y entretenimiento gratuitos y luego, revenden nuestra atención a los anunciantes.
Sin embargo, su verdadero negocio no es simplemente vender anuncios. Por el contrario, al captar nuestra atención, logran acumular una gran cantidad de datos sobre nosotros, que valen más que cualquier ingreso publicitario. No somos sus clientes, somos su producto.
La gente común encontrará muy difícil resistirse a este proceso. En la actualidad, muchos de nosotros nos complacemos en regalar nuestro activo más valioso, nuestros datos personales, a cambio de servicios de correo electrónico gratuitos y videos divertidos para gatos.
Como ya hemos comentado, la velocidad de la tecnología, supera a nuestra capacidad de entendimiento. Tenemos que reaccionar a ello.

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