Ciencia y política

Un joven se suicida: perdemos todos

Luis Eugenio Todd

Es una respuesta a la ansiedad y depresión del materialismo familiar


La sociedad regiomontana, que todavía conserva algo de sensibilidad, se cimbró el día de antier por la muerte de un joven estudiante de la preparatoria del Tec que se quitó la vida y que según se dice, estaba bajo tratamiento por su depresión. Todo lo anterior debe alarmarnos y llevarnos a la reflexión y a la corrección de la filosofía fundamental de nuestra sociedad.

El suicidio obviamente que es algo antinatural que viola el instinto de conservación y es producto, muchas veces, de la depresión ansiosa que genera la falta de respuestas a la vida plena y de los valores supremos del existir.

Lo anterior se documenta porque en la actualidad la depresión, la ansiedad y las adicciones son las enfermedades fundamentales del siglo XXI, causadas por el materialismo histórico, el monetarismo ilustrado y el pragmatismo de una sociedad que no entiende que no es en el tener, sino en el ser, donde se encuentra la felicidad.

Todo esto implica una responsabilidad de nosotros los padres y de la escuela, que tampoco enseña lo que la familia no hace por estar ocupada buscando el quehacer del poder, del tener y se olvida de lo elemental, que es la raíz genética de su propia existencia: la familia.

Además, el tratamiento de la depresión por los psiquiatras contemporáneos está en pañales, porque estos profesionales no entienden las neurociencias y responden solo a los estímulos de la mercadotecnia de los laboratorios, sin individualizar los casos, pues frecuentemente los antidepresivos llevan a los pacientes al suicidio.


Descartes: Pienso, luego existo… En el suicidio de un joven existe una responsabilidad compartida de la sociedad.  


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