Opinión

De salud y de motines

Luis Lozada León

En una de las tantas, diarias conferencias mañaneras, Andrés Manuel declaró: “Soy hipertenso, me tengo que tomar unas pastillas, un cóctel de pastillas diarias para que no me aumente la presión y que no me enoje, que no me hagan hacer corajes los de la mafia del poder”.  Recordemos que el mandatario ya sufrió un aviso cardíaco no hace mucho tiempo, aparte de descuidar un poco su alimentación, pues no duda en degustar abundantemente cuanto alimento regional pueda.

Aparte de las delicias culinarias y de su salud, las renuncias de los titulares de Hacienda y el IMSS, muestran un desacuerdo y rompimiento con las decisiones de Andrés Manuel, en cómo está conduciendo el país; son ya varias las voces que pronostican un inminente naufragio de México si se continúa por este rumbo, un segundo despeñadero, pero ahora tabasqueño. 

Cuando él se burla o se mofa de los grandes y de los pequeños sin piedad, su sonrisa invita al protagonismo, pero no se le ven deseos de igualdad y de concesionar, la razón reconocida de treinta millones de votos le serena el alma, por lo que de nuevo no se le ven ganas de amnistiar a todas las corrientes, olvidándose del principio de fraternidad que se llama tolerancia, a fin de encausar su máxima Cuarta Transformación.

En un navío, cuando el capitán pone en riesgo la bienandanza de la tripulación con sus malas decisiones,  provoca un ineludible motín. Tal sublevación pareciese estar sembrándose al interior de Morena;  que no nos asombre, que cual fin del general Romano Julio Cesar, a Andrés Manuel le llegue un ajuste político de cuentas, con todo y Bruto. 

Lo anterior nos conduce a preguntarnos ¿que sigue? Después de la quema de millones de pesos en el aeropuerto, vemos y sabemos que es capaz de destruir, bueno está bien, pero insisto, ¿qué es lo que sigue? pregunta que él tiene bastante bien escondida o simplemente no existe.

Lo acabamos de ver con Donald Trump, en días pasados se intentó un juicio de revocación de mandato, que no prosperó, incluso, demócratas se opusieron a tal medida, pero esto es consecuencia de las políticas extremas que fomentan la discordia, el encono y la división; regresando a México,  o chairos o fifís, o la mafia del poder o mis aliados, no hay  medias tintas. 

No quiero concluir este artículo, sin antes extender mi inmensurable agradecimiento y amplio reconocimiento al Hospital Universitario de la Universidad Autónoma de Puebla por haberme salvado la vida. Con más de cuatro décadas de historia, ha prestado un servicio de alta calidad, con médicos y personal altamente calificados. Incontables médicos internos y especialistas se han formado en este hospital, así como increíbles enfermeras. Un gran ejemplo y baluarte para el Estado de Puebla y para el país. 

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