Opinión

El discurso del odio

Luis Lozada León

Entendemos por discurso del odio, las  expresiones y manifestaciones que incitan a la enemistad y a la intolerancia, que a veces estos mensajes pueden ser difíciles de identificar. El discurso del odio se basa en argumentos dispares, adopta expresiones diversas y adquiere diferentes niveles de gravedad, desde manifestaciones difamatorias hasta discursos que llaman abiertamente a la violencia.

El odio envenena, mata y divide. Eduardo Bertoni nos dice: “los discursos de odio pueden definirse tanto por su intención como por su objetivo, con respecto a su intención, el discurso de odio es aquel diseñado para intimidar, oprimir, o incitar al odio o a la violencia”.

Los discursos de odio no han tenido límites de tiempo ni fronteras, fueron utilizados por los  generales Nazis en Alemania, por el ku klux klan en Estados Unidos, en Bosnia durante los años noventa, en el genocidio de Ruanda en 1994; y en tiempos modernos por Donald Trump, por Andrés Manuel López Obrador o Bolsonaro en Brasil, quienes deliberadamente buscan mancillar a gobiernos pasados de cualquier característica que les sea propia, esto con el fin de inventar una suerte de enemigo interno y dirigir el repudio colectivo y así legitimar y justificar atropellos en su contra.

El cineasta mexicano Guillermo del Toro dijo al develar su estrella en Hollywood: “Estamos en un momento de mucho miedo, mucho miedo y mucha división porque para eso se usa el miedo, se usa para dividirnos, para decirnos que somos todos diferentes, que no debemos confiar en el otro y estas mentiras hacen que sea más fácil controlarnos y odiarnos”, esto mientras abrazaba y besaba una bandera mexicana.

El tiroteo masivo en El Paso, Texas, que dejó más de 22 muertos, ocho de ellos mexicanos; no ha hecho más que materializar el discurso de odio de Donald Trump en manos de un supremacista blanco de 21 años de edad. El supremacismo es una creencia racista que sostiene que las personas blancas son superiores en muchos aspectos a las personas de otras etnias, y que, por lo tanto, las personas blancas deben dominar por sobre todas las etnias.

La fuerza de las mayorías hoy está al servicio del caos, cuyo beneficiario último, es un entorno caracterizado por la manipulación de la información, ese es el sentido de las mañaneras. En un exacerbado individualismo, en donde todos tenemos que escuchar la ilusión, instalada en un individualismo atroz y con su debida carga de odio.

Cada mañana, tenemos discursos que incitan al fanatismo, a la división y al encono por parte del Presidente de la República. Estas ideas son retransmitidas y esparcidas por sus fanáticos seguidores por las redes sociales. El discurso de odio por internet está presente, pregonado por “chairos” escondidos en el anonimato.

El discurso del odio es fruto de la mente violenta, que conduce a más violencia, provocando la deshumanización, llegándose a convertir en ocasiones en verdaderos seres intransigentes. 

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