Opinión

¿Justicia o venganza política?

Luis Lozada León

Anatole de France dijo, que los únicos magistrados incorruptibles que conoció estaban pintados en un cuadro famoso, por lo que, si acaso  lo llegaran a acusar del robo de las torres de nuestra señora de París, se ocultaría hasta el paraje más recóndito de Francia. 

Recordemos que el año pasado, diputados de Morena lincharon política y mediáticamente a Rosario Robles,  ex secretaria de Desarrollo Agrario,  Territorial y Urbano (Sedatu), en el pleno de la Cámara de Diputados. Fue una sesión maratónica de varias horas acusándola de todo y de nada, toda vez que absolutamente nadie le mostró o publicó una sola prueba que la incriminara de los hechos que se le acusan. 

Pero lo que pretende llevar acabo Morena mucho dista de la justicia, más bien parece un revanchismo político, que es un término que procede, como bien sabemos, de revancha, es decir, la actitud o el espíritu de venganza o desquite que se genera por una falta, pero la familia Bejarano Padierna esperó pacientemente que se enfriara el platillo de la venganza.

Por eso siempre es ilícito obrar contra el inocente, y como tal debe de tenerse a todo hombre o mujer, mientras no exista la sentencia irrevocable que establezca su culpabilidad, pero tratándose de Rosario Robles, este principio ha sido subvertido, y el Juez de la causa, Felipe de Jesús Delgadillo Padierna, ante la imposibilidad de dar aspecto de verdad a la calumnia, ha optado por determinar que Rosario Robles es una delincuente por haber solapado la ahora llamada “estafa maestra”.

Y que no es obligación sensata y propia del ministerio público, dejar establecida la responsabilidad penal que se le atribuya a Rosario Robles, y no le concede el juez de marras el derecho que le asiste a defenderse en libertad, arguyendo que había dado un domicilio por otro sin tomar en cuenta la jurisprudencia firme de la Corte, que establece que el domicilio de una persona física es el sitio del principal asiento de sus negocios, y que en el amparo, la ley no exige que la parte señale, precisamente, la casa en la que vive, si no un lugar en el que se puedan practicar diligencias.

Claro es el artículo 14 constitucional que dice: “que nadie puede ser privado de la libertad, sino mediante juicio en el que se cumplan las formalidades esenciales del procedimiento”. Y que en el caso que nos ocupa rebelan posturas demagógicas adoptadas por ciertos funcionarios de la 4T, que halagan las pasiones del pueblo bueno, para sacudirse el peso de los que ahora llaman adversarios.

Las galimatías de aquellos vividores, graznidos de nuevos gansos de la cuarta transformación, se hicieron patentes ante el juez de consigna que dictó prisión preventiva justificada vinculándola a proceso por los delitos de ejercicio indebido del servicio público, y negarle a continuar su proceso en libertad.

El discurso vengativo de AMLO se aviva, porque el pueblo quiere siempre un responsable, y experimenta cierto placer y bienestar cuando ven en la guillotina a algún personaje, pues nada aviva los bajos sentimientos del pópulo como el infortunio de aquellos a quienes tiene por privilegiados. 

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