Opinión

La primera transformación

Luis Lozada León

Turbulentos sucesos sacudían Europa cuando el mismísimo Napoleón Bonaparte, en 1808, tomó el trono español, debilitando el control de España sobre las colonias que tenía en su poder. Es así como se da el momento oportuno donde algunos se alzaron en armas para buscar y alcanzar la Independencia de México.

Un cura criollo, de fina cabellera plateada parcialmente calvo, llamado Miguel Hidalgo y Costilla, gestionaba una pequeña parroquia en Dolores Hidalgo Guanajuato, promovió al calor del vino pequeñas reuniones planeando la insurrección, cuyo fin era independizarse de España.

Oficialmente fue declarada la guerra el día 16 de septiembre de 1810 con el conocido episodio llamado el Grito de Dolores. Era un domingo, como hoy, y los feligreses se armaron para luchar contra el virreinato.

Este movimiento fue liderado por Miguel Hidalgo y Costilla y los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama. El famoso grito de Dolores decía: “Viva la Virgen de Guadalupe, abajo el mal gobierno. Viva Fernando VII”. Los líderes pidieron al pueblo que se armara y combatiera contra el reinado español, conquistando varias ciudades, fracasando en la toma de la Ciudad de México, por lo que todo se agravó y en marzo de 1811 los guerrilleros fueron emboscados y presos.

Hidalgo fue acusado por la Santa Inquisición de herejías y traición, sentenciado a muerte, siendo meses después fusilado y decapitado. Su cabeza fue exhibida públicamente en la Alhóndiga de Granaditas, retomando el movimiento José María Morelos y Pavón e Ignacio López Rayón, iniciándose así una guerra civil entre mestizos, indios y criollos.

En 1812, Morelos organizó un nuevo levantamiento popular, donde los límites del nuevo orden social conquistado sufriera una fuerte oposición de los criollos. Morelos, maestro de la guerrilla, no pudo escapar de la muerte en 1815, al ser fusilado, tomando la batuta Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria.

Alcanzándose la Independencia de México cuando las fuerzas rebeldes se unieron al ejército de Iturbide, dándose la renuncia del virrey de la Nueva España, firmándose el Tratado de Córdoba en donde se reconocía a México como nación independiente, que decía que criollos y peninsulares tendrían los mismos derechos y que un criollo podría subir al trono, que hasta nuestros días sigue siendo una realidad política.

Esta reflexión la hacemos a fin de que nuestros gobernantes asuman una postura ideal del Estado de Derecho y de la Constitución, respetándola y haciéndola respetar en contra de todos aquellos malandros que quieran subvertir el orden por la vía más sencilla como el engaño, los moches, secuestro, el homicidio, el huachicol y el robo al erario público; que a todos ellos se les aplique la ley, simple y llanamente. Vivan los héroes que nos dieron patria e independencia. Viva México. Viva la primera Transformación. 

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