Opinión

Los gandallas

Luis Lozada León

Se define la palabra “gandalla” en los diccionarios de la lengua española como: “Persona que abusa o tiene tendencia a abusar de su fuerza física o su autoridad para sacar ventaja de otros”.

Eso precisamente es lo que está sucediendo en la bancada de Morena, con una mayoría casi absoluta, en relación al trabajo legislativo en la Cámara de Diputados, de no ser por la llamada del Presidente López Obrador, los gandallas ya se hubieran apoderado de todos los controles, comisiones y demás, en el multicitado recinto legislativo, infringiendo la ley, o pasando por encima de ella.

Por esta razón, en la política son útiles y necesarios los contrapesos, pero como hemos visto, la estrategia de Morena es eliminar toda oposición, incluso los organismos no gubernamentales, recordemos la famosa frase “al diablo las instituciones” que gritaba eufórica y apasionadamente el candidato morenista.

En México, el gandallismo es un fenómeno generalizado y  muy visible a partir de la primera década del siglo XXI, en la que se percibe como un problema social que se debe erradicar.

En nuestro país, ser gandalla no es visto sólo como un asunto de moral y ética, es un estado inalterable para cierto tipo de individuos o sectores de la sociedad. Ser gandalla, se percibe cada vez más como una conducta humana que corrompe, y que obstaculiza el desarrollo y progreso de la colectividad.

Debemos desterrar el gandallismo de la vida cotidiana y pública, en la que se inserta como algo del sentido común, como algo que está bien hecho, con una argumentación de “ganar ganar”, a toda costa, a cualquier precio. Es así como se comporta un grupo social común, el de los arbitrarios, esta forma de ser gandalla implica el reconocimiento de un acto, muchas veces, corrupto, de tal suerte que se convierte en algo cultural, hasta tradicional, ya que un comportamiento gandalla podría considerarse normal para triunfar.

Bajo esta tesitura, cuando el gandalla se encuentra en la arena política, se halla en su elemento, porque ejerce el gandallismo político, que consiste en ejercer esta actividad por encima de ideologías e intereses partidarios, igual se instala en la derecha o en la izquierda, y cambia de partido o bando según convenga, porque se conduce por el principio maquiavélico de “el fin justifica los medios”, y esta práctica ya es tan generalizada en la Cámara de Diputados y es distintivo de la política en general esta actitud, que algunos de ellos han escalado posiciones de poder, como las gubernaturas.

En la cultura del gandalla sólo sobrevive el más fuerte, el que arrebata, el que despoja, el que pisotea el trabajo, la dignidad y los derechos de los demás. El gandalla es el que tranza en infinidad de situaciones, también otra de sus características es la que presume su pericia.

Como observamos, los individuos gandallas son aquellos que hablan de poder y dinero, que utilizan un lenguaje que nos remite a la corrupción, tranza, moche, movida, palanca, etc. y así tenemos una convivencia diaria de la corrupción en las personas comunes, exaltados en los dichos populares como “el que no tranza, no avanza” o “el gandalla no batalla”, estas expresiones se relacionan directamente con actos de corrupción, luego entonces, el ser gandalla también conlleva a ser corrupto. 

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