Opinión

Oscar Chávez, Batres y Monreal

Luis Lozada León

Les comparto unas estrofas de la canción del maestro Oscar Chávez, titulada “Cada seis años”:

“Cada seis años mi amor, prometo ser diferente, pero nunca te lo cumplo, pues cada seis años, quesque hay otro presidente. (... ) Y siempre es igual, la misma camada, mula democracia, pero revolcada”.

Y es que el nuevo grupo de poder que conforma Morena está constituido de viejos políticos, en su mayoría desechados del PRD y del PRI, verbigracia el ahora presidente, como Martí Batres, Gerardo Fernández Noroña, René Bejarano, etc. ​y toda esa finísima camada de arribistas que fundaron Morena,  y que ahora reclaman democracia  al perder las posiciones políticas que los mantienen en  primera fila.

No están acostumbrados al cambio de estafeta por gente nueva, y menos que sean relevados por mujeres, ya que, esto atenta a los principios básicos de su culto evangélico, recuerden a Martí Batres en primera fila en Bellas Artes, en el homenaje que se le hizo a Naasón Joaquín García, líder de la Iglesia evangélica de La Luz del Mundo.

Tras la elección y pérdida de reelección, Batres tuiteó y reclamó: “Durante meses el senador @RicardoMonrealA me persiguió y me combatió para sacarme de la Mesa Directiva. ¿Qué logró? Exhibirse como un político faccioso incapaz de encabezar un amplio movimiento. El riesgo es que regresemos a las épocas del cacicazgo y el poder de un sólo individuo”. A caramba, pero ¿De quién está hablando Batres, de Monreal o de López Obrador?

No es que estemos en contra de Martí Batres, pero deben entender que la democracia es así, y que él no es la excepción, así será su ego, que lo repudiaron hasta sus mismos compañeros de la bancada senatorial, de los que nunca pudo ganarse su simpatía, como sucedió en 1997 bajo  las siglas del sol azteca.

Monreal manifestó: “Al pueblo de México le pido que confíe, estos son desencuentros normales en procesos democráticos y le tendemos la mano a Martí Batres”.

Y el señor Presidente, en su clásica mañanera, a pregunta expresa dijo que los ciudadanos saben quién trabaja por amor al pueblo y quién es un trepador, un oportunista y un politiquero, que tal vez se refería a Martí Batres, pues como decían mis tías, “a quien le quede el saco, que se lo ponga”.

Esto es lo que estamos presenciando, imagínense ustedes lo que va a suceder en el cambio de la presidencia de Morena, que puede terminar en una colosal debacle, porque todos, fundadores, arribistas, oportunistas, priístas, perredistas, evangélicos, y demás fauna política que se permeó sin filtro alguno a Morena está pagando las consecuencias, todos se sienten copropietarios y con derechos de ser nominados, apuntándose en todo esperando ser elegidos por el dedo omnipotente de San  Andrés.

Esta es una pequeña muestra de los prohombres de la Cuarta Transformación que, efectivamente, será recordada como la cuarta demolición de las instituciones más exitosas de los sexenios pasados. Siguen los mismos vicios políticos, de los mismos actores, como decía Oscar Chávez desde los años setenta: “Y siempre es igual, es picoso el mole, diferente el dedo, pero el mismo atole”. 

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