Catarata

El PAN, en desgracia

Luis Petersen Farah

En Nuevo León, como en gran parte del país, el PAN agoniza. Cada vez más miembros lo reconocen. Cada vez más simpatizantes han explorado otras opciones de voto. Y sus liderazgos se van borrando.

No digo que ellos, líderes, militantes o “votantes de marca”, quieran practicarle la eutanasia a este partido agonizante. No, pero es innegable que ninguno de ellos está dispuesto a hacer algo por salvarle la vida.

Un botón de muestra es la soledad de Felipe de Jesús Cantú en su campaña por la alcaldía de Monterrey, en su lucha post electoral ante tribunales en su contra y en su nueva mini campaña decembrina.

Ni el candidato ni su partido fueron capaces de generar interés. Las nuevas impugnaciones ya son solo inercias, sin que nadie dentro tenga una gota de esperanza.

Lo que queda del PAN servirá tal vez para una capirotada en cuaresma. Al no lograr recuperar Monterrey ni Guadalupe, la derrota en San Pedro se volvió más importante y dolorosa. Sobre todo porque en el apoyo de los panistas al independiente Miguel Treviño se vio pasar el fantasma de la vieja cúpula mientras se caía la nueva.

Lo que quedaba del liderazgo de Raúl Gracia terminó de desmoronarse. En Santa Catarina, los panistas reconocen a Víctor Pérez como líder, y en San Nicolás, a Zeferino Salgado. El PAN de San Pedro, al menos el que se sostiene en la burocracia municipal, se va haciendo pequeño por decisión del nuevo alcalde. Y con mucha más rapidez salen los que responden a Raúl Gracia que los fieles a Víctor Fuentes.

No hay que olvidar que Fuentes tuvo que luchar primero por la reelección en San Nicolás y después por la candidatura al Senado. Su relación con el PAN estatal quedó más que lastimada: acabó apoyando silenciosamente a Treviño en San Pedro, donde le quedaba alguna fuerza.

¿Y la bancada en el Congreso local? Su jefe, Carlos de la Fuente, es claramente parte del grupo San Nicolás y juega con un liderazgo débil, propio de la fragmentación de su partido.

Algo está claro: el PAN se halla en desgracia...


luis.petersen@milenio.com



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