Catarata

Una vergüenza que compete a todos

Luis Petersen Farah

En Nuevo León van casi seis mil 400 delitos de violencia familiar en el año, según los recuentos que hace César Cubero en este periódico.

El municipio que más casos ha registrado es Monterrey, el más poblado. En segundo lugar está Escobedo, cosa que llama la atención, y en tercero Guadalupe. En cuarto lugar aparece García, lo que también llama la atención, pues su población es más baja que otros: visto por habitante, registra mayor violencia familiar.

El punto es que en Nuevo León, la violencia familiar es muy alta. De enero a mayo de este año se registraron 26 mil 628 llamadas de emergencia relacionadas con ella. Y hay que sumar otras 11 mil 478 llamadas que tenían que ver específicamente con violencia de pareja.

En esto de las llamadas por violencia familiar y de pareja estamos en tercer lugar nacional solo después de Ciudad de México y Guanajuato.

Pero no es cuestión de comparar con otros estados. Tal vez lo que pasa, me dirán, es que aquí hay más denuncias; tal vez las mujeres y los niños, quienes suelen ser las víctimas en la violencia familiar, son más conscientes de la necesidad de pedir ayuda que en otras partes, o las instituciones encargadas de recibir las llamadas y procesarlas son más eficientes. Puede ser. Pero eso no quita que la cantidad de hechos conocidos de violencia familiar sea espeluznante.

Aunque en otras partes hubiera más, qué importa: esto que pasa aquí sencillamente debe cambiar. No puede ser que tantas mujeres o tantos menores estén en serio riesgo físico o psicológico porque un miembro de la familia, o una pareja, se desahoga a golpes.

Lo mismo sucede con las llamadas de emergencia por abuso sexual. Nuevo León, con 385 casos, está a la cabeza del país. Otra vez: puede ser que aquí haya más posibilidades de denuncia, pero al final no podemos seguir así.

Y en feminicidios, catalogados como tales por razón de género, estamos en los primeros lugares de México y aquí no entra eso de la denuncia... hay que levantar la voz. Esto no puede ser. Y nos toca a todos.

luis.petersen@milenio.com

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