Columna de Pablo Ayala Enriquez

¿Importará a los magistrados quién hizo más ruido?

Pablo Ayala Enríquez

Peligro: nuestros paladines de la democracia son los que menos creen en ella y en sus instituciones. Los candidatos y sus grupos asumen que los árbitros, los magistrados, los funcionarios de casilla, los votantes, los choferes y los vigilantes de las cadenas de custodia no son en absoluto demócratas ni tienen el menor aprecio por lo que significa.

Piensan que a todos les vale, que todos han hecho un chuequísimo trato con los de enfrente. A tal grado que en vísperas de una sentencia del Tribunal Electoral la tormenta de presiones arrecia.

Llegó Miguel Ángel Osorio Chong y antes Claudia Ruiz Massieu, con unos; los gobernadores azules y hasta Margarita Zavala, con los otros. Y muchos más. Hemos visto marchas, plantones, arengas y desplegados. Antes de la primera sentencia tanto PAN como PRI hicieron valer sus poderes. Llevaron sus públicas rabietas hasta la cocina del TEE.

Uno se pregunta qué sentido puede tener eso. Y en realidad solo puede decir una cosa: los grupos en pugna creen realmente que los magistrados van a variar su percepción de lo que es legal y justo al medir las cuadras de personas que asisten a una marcha, o al calibrar la fuerza de los discursos que echan lumbre contra los adversarios, o al pesar los kilos de los diversos peces gordos que vienen de lejanos mares a ofrecer su apoyo a nuestros candidatos en lucha.

Así lo creen, con seguridad... por eso lo hacen. Si lo logran, la dignidad de los magistrados queda en el suelo. Si no lo logran, también: el mero hecho de pretender modificar con acciones políticas la sentencia de un tribunal es suficiente.

Por supuesto que después del último fallo los candidatos se pueden inconformar, marchar, gritar, patalear, plantarse y ponerse en huelga de hambre o lo que la imaginación dicte... ¿pero antes? Debería estar prohibido por ley.

A menos, claro, que todo esto sea simulación y todos estén de acuerdo en la más antidemocrática de todas las prácticas: la concertacesión, una por otra, todos contentos y cada quién su mártir.

luis.petersen@milenio.com





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