Columna de Pablo Ayala Enriquez

¿Y si los vuelven a contar?

Pablo Ayala Enríquez

El único sentido que tiene nuestro sistema electoral, sus organismos, sus leyes, sus procedimientos, sus tribunales y sus presupuestos nada discretos, es garantizar el voto ciudadano y darle credibilidad: que sea el voto el que decida quiénes ocuparán los puestos de autoridad.

En la elección municipal de Monterrey, los votos ahí están. Unos perdidos y recuperados en el laberinto de la complicación y otros simplemente anulados por una máquina trituradora llamada Tribunal Estatal Electoral.

Digo que es el laberinto de la complicación y no del robo. La Comisión Estatal Electoral ha insistido en que los casi cien paquetes electorales que faltaban ahí están. Y que nunca estuvieron fuera de custodia, es decir, nunca estuvieron fuera del resguardo de la autoridad electoral.

Por lo tanto, lo que hay ahí es la voluntad de los ciudadanos. Su contenido son votos que podrían ser validados. Se pueden recontar.

¿Qué pasó entonces con los votos perdidos en Monterrey? ¿Por qué no llegaron a tiempo para ser contabilizados? La CEE insiste que las boletas y las actas estaban en otros paquetes; que no hubo robo, que los funcionarios de casilla hicieron lo que pudieron hasta que ya no pudieron, que la casilla única es lo que en todo caso debe replantearse.

Lo que pasó fue que los votos y las actas estaban dentro de otros paquetes, que viajaron (en la maleta) de una Comisión a otra y que fueron cayendo, desafortunadamente después de los plazos previstos.

Ya no puede tardar mucho la sentencia de la Sala Regional del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Tanto el PAN, ganador por la Comisión Municipal Electoral, como el PRI, ganador por el Tribunal Estatal Electoral, saben quién ganó por los votantes.

Tienen las actas, conocieron las lonas que se pusieron en las fachadas, tuvieron acceso a los recuentos en la Comisión.

¿Por qué no contar los que no fueron recontados? ¿No sería la mejor forma de honrar el voto ciudadano?

No se gana en los tribunales. Tampoco en las marchas. Hay que rescatar el valor del voto.

luis.petersen@milenio.com

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