Mercados en perspectiva

El drama de las salidas de capital golondrina

Manuel Juan Somoza

Los países emergentes, que adquieren ese adjetivo porque están en proceso de desarrollo, requieren divisas externas para financiar su crecimiento, por supuesto que la mejor inversión que pueden recibir es la “extranjera directa”, que es la que hacen las compañías foráneas cuando se establecen en el país; estas inversiones florecen cuando en la nación de destino hay estabilidad política, económica y estado de derecho.

Además de lo anterior, algunos países emergentes reciben inversiones de portafolio, que son fondos que se invierten en la moneda local (asumiendo el riesgo cambiario con respecto a su moneda de origen, básicamente dólares), y lo que buscan es un diferencial a su favor, ya que las tasas locales de los bonos —sobre todo de largo plazo— son muy superiores a las tasas en dólares; cuando estos fondos se reciben en las naciones en desarrollo se fortalece la moneda local. Los inversionistas extranjeros venden sus dólares y reciben la moneda del país receptor, con la cual compran bonos.

Mientras esto dura y los extranjeros mantienen sus inversiones todo funciona muy bien, pero cuando por cualquier motivo el país pierde la estabilidad o simplemente deja de ser atractivo y los inversionistas empiezan a vender sus inversiones locales, comprando con ese dinero dólares, lo que ocurre es que el país que antes se beneficiaba de los flujos ahora sufre fuertes devaluaciones.

Derivado de lo anterior, los que más salen lastimados son quienes no tienen bien cimentadas sus finanzas públicas, los que tienen déficits fiscales y de balanza de pagos abultados, los que tienen muy pocas reservas internacionales, etc. Lo anterior es lo que está pasando en Turquía, Argentina y en otros muchos países. Lo peor de este fenómeno es que contagia al resto de las monedas de países emergentes y entonces sin mayor razón se dan flujos de capital hacia el dólar con la venta de monedas emergentes, buscando mayor seguridad.

Estos fenómenos son más frecuentes cuando las tasas de interés de Estados Unidos suben y hacen más atractivo el dólar, y eso es precisamente lo que ahora está pasando en el mundo; al capital extranjero que solo busca especular para obtener un mejor rendimiento en instrumentos financieros se le conoce como capital golondrina, porque con la misma facilidad con la que llega con esa se va, dejando un desastre a la salida.

México ya vivió muchos de estos eventos en su historia económica moderna; el último devastador fue en 1994. Yo espero que hayamos aprendido la lección y que estemos preparados para lo que viene; la única defensa que tenemos es mantener una estructura financiera sana, sin déficits abultados y tratar de reducir los niveles de deuda poco a poco.

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