Columna de María Doris Hernández Ochoa

Convertir a las abuelas en niñeras, ofensa

María Doris Hernández Ochoa

Ante el proyecto de la desaparición de las instancias infantiles subrogadas a particulares es una decisión sin fundamento. El argumento de eliminar a los intermediarios que prestan el servicio y reciben el subsidio, bajo la sospecha que todos son corruptos, es inaceptable a la luz del sentido común.
El recurso de entregar el subsidio directamente a las madres de familia para que lo usen libremente, como por ejemplo, darlo a una abuelita , es irresponsable. El atender nietos es una amorosa tradición mexicana, pero solamente como una parte de la vida familiar, no para que la abuela se convierta en nana, porque además de que tiene sus propias ocupaciones, no tiene calificación para atender y educar formalmente a infantes .
Detrás de la medida algo irracional se esconde la obsesión de aniquilar todo lo que haya sido pensado, legislado, decidido o establecido antes de la fecha de la llegada de un iluminado .
El argumento de entregar directamente a los beneficiarios de los programas de asistencia social, el dinero que se asigne,tiene implícito otro plan.
Los beneficiarios del apoyo económico del Estado incluye y mezcla en un saco a los adultos mayores, los estudiantes becarios, los jóvenes que no trabajan, los discapacitados y los pensionados de las instituciones de seguridad social, Pemex o cualquier otra institución que todavía mantenga programas de jubilación y pensiones. ¿Con qué objetivo? Considerar que los beneficios vienen por voluntad de una persona con poder… y a esta habrá que sostener, aplaudir y esperar señales de tipo político.
Los abuelos adoran a sus nietos. Quieren verter en ellos el amor que les quedaron a deber a sus propios hijos, por haber estado sujetos al trabajo y a otras ocupaciones que garantizasen la estabilidad en el hogar. Pero no todos pueden ser abuelos de tiempo completo.
Tampoco tienen interés en que se les entregue “un donativo” porque el amor no se compra ni se paga… es el sentimiento absolutamente más desinteresado de todas las acciones humanas.
En las asociaciones de mujeres profesionales, empresarias, comerciantes, docentes, directoras, agentes, consejeras, etc., hay muchas abuelas y de ello se sienten orgullosas: de seguir siendo productivas y útiles a la sociedad y a su familia; pero no tendrían la intención de sustituir a las educadoras certificadas, especializadas en atender niños… y quizá ni la paciencia. _

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