Columna de María Doris Hernández Ochoa

De maestros a maestros

María Doris Hernández Ochoa

En este mes de mayo se celebra en todo el país, el Día del Maestro, ofreciendo homenaje y reconocimiento a estos profesionales de la enseñanza, que dedican su tiempo a la docencia y brindan enseñanza a través de su ejemplo.

También se usa el término profesor, quienes enseñan en todos los niveles desde la educación infantil hasta el superior; en nuestro medio prevalece el nombre de maestro para quienes proporcionan enseñanza elemental, mientras que se aplica al término profesor a quien es titular, ayudante, visitante, asociado, numerario, interno, emérito, etc. En los sistemas universitarios anglosajones y nor-europeos (Estados Unidos, Reino Unido, Alemania) se denomina “profesor” exclusivamente a los académicos con posiciones permanentes que enseñan e investigan a nivel universitario.

El común denominador es que ambos conceptos se refieren a la enseñanza y que quienes se dedican a esa tarea, además de los conocimientos de la materia que enseñan, son modelo de comportamiento y entrega a una profesión que tiene mucho de vocación y misión. Es fundamental poseer autoridad moral, especialmente cuando se poseen funciones directivas o de representación grupal.

Persona que no se encuadre en esta forma de actuar no se le puede llamar ni maestro ni profesor, por más títulos que puedan tener o por más que actúe dentro o alrededor de los colegas; puede ser representante o líder magisterial, por no maestro, quien debe estar frente a alumnos, con la mano llena de polvo de gis y siempre cubriendo el programa escolar.

En México tenemos a miles de personas que cursaron su carrera de maestros, pero en lugar de estar en un salón de clase, se les ve marchando en las calles, en manifestaciones, destruyendo bienes o cumpliendo comisiones inexistentes, abandonando a sus alumnos por los que no tienen el menor remordimiento. Hay formas de reclamar, de exigir o pedir respeto y respuesta a sus demandas, pero no a costa de echar a perder el máximo proyecto de un niño o adolescente, que es su formación. Los países superdesarrollados en economía tienen su base en los sistemas educativos; en ellos NUNCA se pierde un día de clases ni hay motivo para hacer “puentes” o tomar vacaciones prolongadas; por eso llegan a convertirse en líderes y modelo, adaptándose a los avances en tecnología y promoviendo la competencia. _

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