Columna de María Doris Hernández Ochoa

Toda universidad debe ser incluyente

María Doris Hernández Ochoa

A la universidad en México llega el 36% de los jóvenes entre los 19 y 23 años, quienes presentan examen de admisión; en el caso de que la institución sea privada, el proceso de ingreso es más difícil porque además deben pagar los costos de la colegiatura y esto se reduce, porque quien lo afrontapertenece a esa minoría que tiene los más altos ingresos del país.
Esto ocurre en México, que es desigual y diverso, porque el 62% acapara la riqueza, y el resto, tan solo el 0.4% de ella… una distribución inequitativa.
También desigual, por las diferencias que existen en los productos internos de los estados del norte contra los del centro y sur, lo que marca una diferencia en el acceso a la salud, la educación y al empleo.
En México conviven pueblos indígenas que hablan 68 lenguas diferentes; diverso porque el 6.4% vive con alguna discapacidad, porque las diversas regiones explican las múltiples culturas regionales.
No obstante, la población universitaria tiende a la homogeneidad.
Esta tiene por reto ser incluyente, diversa y plural.
Sería incluyente si logra representar en su interior a los diferentes grupos poblacionales, lo cual es difícil de lograr, sobre todo cuando la mayoría de estas escuelas siguen ubicados en el campo urbano.
Una forma de contribuir al objetivo es reduciendo la selectividad de carácter económico, mediante un sistema de becas y becas-crédito, cumpliendo con su responsabilidad social como ya algunas instuciones visionarias lo hacen.
La universidad incluyente debe dar cabida a todo alumno evitando la segregación, la imagen elitista y la arrogancia.
A las universidades se les juzga cada vez más por la pertinencia social del desarrollo de sus funciones y por la robustez eficaz de sus aportaciones a los diferentes problemas de su entorno y ambiente.
Se trataría de generar conocimiento ya no solo confiable, sino socialmente útil y éticamente responsable.
Por otro lado, las carreras técnicas deben contener en su currículo aquellas materias y prácticas que eviten la deshumanización y el automatismo en la conducta del profesional.
Lo que llama Carlos Marx, la enajenación en el campo laboral. _

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