Fajadores y estilistas

Aquí no es así

Martín Eduardo Martínez

A pesar de que Franklin Manzanilla, un venezolano sin técnica ni limpieza en el combate, intentó quitarle el campeonato mundial al mexicano Rey Vargas la semana pasada, no lo consiguió. El estilo del sudamericano, si lo podemos llamar así, se asemejó durante todo el encuentro más a un pandillero ebrio antes que a un boxeador de buena talla. Golpes de conejo y en la espalda, empujones, puñetazos sucios con franca ventaja y agresiones a cuerpo completo fue lo máximo que Manzanilla pudo ofrecer a los asistentes y espectadores de la pelea llevada a cabo en Indio, California.

La decisión unánime otorgada a Vargas, aderezada con dos puntos de penalización en contra del de Venezuela, dejó claro que el mexicano tiene todavía mucho que ofrecer, sin embargo, no está fuera de la observación general que el desempeño del Rey pudo ser mucho mejor, sobre todo entendiendo que sus pleitos anteriores han tenido una marca de fuego que lo ha colocado como uno de los boxeadores mexicanos del momento. La contienda le costó esos dos puntos a Manzanilla además de la derrota, mientras que al de México le implicó cortes en la cabeza y las cejas y una segura visita al consultorio médico, hecho que estuvo a punto de ocasionar el final de la batalla antes del último campazano oficial.

Un boxeo poco ortodoxo le hace mucho mal a los principales afectados, los púgiles encima del ring, pero también daña la imagen del deporte y quita la credibilidad profesional a aquel que, como Manzanilla, hace de su desarrollo poco menos que dejarlo manchado por un periodo considerable. Hemos visto en anteriores ocasiones reyertas que dejan un sabor de decepción en quien las ha presenciado, sinceras tomadas de pelo que no deberían existir, mucho menos en el terreno profesional, que debe jactarse de tener filtros estrictos y sanciones acordes con la esencia deportiva, para evitar así encuentros que podrían recordase solo por su categoría de falacia y suciedad.

Vargas tuvo todo para defenderse; al ser poseedor de un estilo trabajado y depurado contaba con todas las credenciales necesarias para derrotar de manera temprana al venezolano y no lo hizo. En el peor de los casos, si jugando limpio no se consiguen los resultados esperados, y el contrincante no es capaz de respetar la integridad propia, entonces el estilo debe convertirse en uno agresivo, respondiendo así a la exigencia del momento y a la ineptitud del adversario. Vargas pudo hacerlo y no lo hizo, mas no pongo en tela de juicio el trabajo de gimnasio y la soltura en el encordado que puso una vez más de manifiesto que en nuestro país, con sus debidas excepciones, las cosas se hacen bien y a la buena. El escenario debería funcionar distinto en estos casos; sanciones que afecten al peleador, suspensiones o, en algunos casos, la eliminación de la plantilla como boxeador profesional, podrían ser mejores alicientes para aquellos que efectúan con valor y mérito el trabajo de los puños, tanto para quienes exponen el rostro y el cuerpo en una función, como para aquellos que, fuera de las cuerdas, dan el apoyo previo y en el momento del combate al primero: seconds, entrenadores y managers son tan responsables como las comisiones y organizaciones de un mal rato en el box a cargo de sus representantes, quienes a veces parecieran ser meras figuras de acción. Rey Vargas se llevó el gane, a mi parecer bien merecido, cortes en la cara y golpes ilegales en el cuerpo (así ha sucedido, como por una especie de mal de ojo, en un porcentaje considerable de sus peleas), pero por sobre todas las cosas se llevó, una vez más, la experiencia y el aprendizaje necesarios para no caer en lo mismo de nueva cuenta. Esperemos que el mexicano pronto aprenda la lección.

mar_mtz89@hotmail.com





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