Fajadores y estilistas

“Solitarios sobre el ring”

Martín Eduardo Martínez

Puede que Mike Tyson sea todo ese conjunto de milagritos que se han dicho en las noticias, principalmente que se trata (desde siempre) de un amante del dinero y de la fiesta, de las drogas, de un hombre que les responde a golpes a la policía y a todo aquel que no comparta su opinión, del mochaorejas del box; ni lo niego ni me sorprende, pero también hay que decir que en sus mejores años tuvo grandes noches,abarrotóarenas y llenó de triunfos sus hogares en carrera como peleador.

Han pasado veintinueve años desde aquel febrero de 1990 en que Tyson perdió lo invicto de los pesos pesados a puños de James BusterDouglas, quien rompió con la excelente racha de veintiséis victorias consecutivas, divididas en tres organizaciones (CMB, AMB y FIB), que el Ironhabía acumulado hasta entonces. Japón, tierra de ninguno de los dos, se había convertido de súbito en el cadalso donde le nublarían la vista momentáneamente y le arrancarían el corazón —de manera metafórica, claro está— al oriundo de la ciudad nocturna de Brooklyn. Douglas, que se encontraba en duelo por la muerte de su madre apenas hacía unos días, demostró que la voz de quien lo viera crecer era la de un oráculo benigno, al decir poco antes de morir que su hijo ganaría ese próximo combate. La fuerza de ese amor incondicional marcaría el destino de la noche y el reconocimiento glorioso para el nuevo campeón mundial de la división más alta de la báscula.

No sin una controversia de por medio por la supuesta manera en que el réferi había contado más lento los segundos que Douglas pasó en la lona respecto de cuando lo hizo Tyson, Busterdio una excelente función que lo llevó, en diez de los doce asaltos, a ser acreedor del título pesado de las tres empresas que ostentaba hasta ese momento Mike, con las apuestas a tope que estaban en contra del retador de Ohio. Pero, aunque Mike Tyson y James Douglas llevaron esa noche a su máxima expresión encerrados en aquellas dieciséis cuerdas, y la gente no podía más que diferenciarlos a la perfección, crearon entre ambos a través del intercambio de golpes y de fundirse como uno a lo largo del combate un superhombre llamado Tyson Douglas, que dio, en “solitario”, una cátedra de toma y daca de boxeo en aquella presentación legendaria que no volverá jamás.

La derrota de febrero de aquel año fue la primera que tendría Mike Tyson en lo profesional y en lo personal, al haber sido arrestado y preso por violación dos años después y volver al encordado tras su liberación solo para seguir perdiendo hasta su retiro definitivo y posterior declaración de bancarrota. Con los años encima y kilos demás en el combate contra Douglas el camino estaba decidido sin saberlo él, su equipo o el público que presenció la lucha, mientras que Buster, en su afán por mitigar el dolor de su más reciente pérdida, encontraba en sus extremidades la fuerza necesaria que derribara a Irony lo dejara fuera de tarjetas.El 11 de febrero de 1990 pelearon, a fin de cuentas, la soledad contra el dolor, y los púgiles demostraron que, como en el arte, muchas de las mejores piezas son el resultado de las batallas libradas contra uno mismo.

mar_mtz89@hotmail.com





OPINIONES MÁS VISTAS