Fajadores y estilistas

Una noche no tan buena

Martín Eduardo Martínez

A Manny Pacquiao le robaron las pertenencias de su casa en Los Ángeles mientras defendía su cetro wélter de la AMB en la pelea contra Adrien Broner. Salió con el brazo en alto por decisión unánime, pero también con una lesión en la córnea, por lo que tuvieron que colocarle de inmediato un parche en el ojo y llevarlo a atención médica. Pacquiao, que es un viejo lobo, conoce todas las técnicas y posibilidades para poder acercarse a su contrincante; atacar y hacer mucho daño en todo cuerpo ajeno que se ponga enfrente es una de sus más claras pericias. Broner, que con su récord ponía en alto su nombre y las esperanzas de esos pocos seguidores que se notaron en Las Vegas, sencillamente no dio el ancho en ningún momento de los 12 pisos que se derrumbaron por tener cimientos flojos y unos muros francamente aburridos.

Broner lució novato al lado de Manny Pacquiao y sus cuarenta años —decirlo en box significa mucho—: no pudo hacer otra cosa más que intentar esquivar los fogonazos y aguantar castigo con la guardia puesta en sus puntos vitales. El espectáculo verdadero, como se puede observar, residió en ver al filipino aparentemente renovado, sin debilidades evidentes más que una ralentización en sus movimientos comparados con los del último encuentro contra Lucas Matthysse (a quien derribó en el séptimo), pero sin tampoco llegar a noquear al estadounidense de veintinueve años, cosa que todos estábamos esperando, sobre todo luego de ver la fanfarronería infundada y la pésima participación de Broner. Por gusto y por placer, ese hubiera sido un buen cierre para el sábado pasado y el escarmiento idóneo para Adrien, quien incluso luego de terminada la pelea se deshizo en bocanadas infantiles de mentiras asegurando casta y poder por encima de Pacquiao.

Broner acaba de perder una oportunidad de oro al no haber dado guerra suficiente al campeón wélter, la preparación, humildad y fuerza física y emocional debieron ser trabajadas bajo un régimen de suma exigencia consigo mismo en una muestra de respeto por la trayectoria del asiático. Por su parte, aunque lento y monótono a ratos, Pacquiao guardó lo mejor de su arsenal para un momento que nunca llegó, y decidió perdonarle la vida a quien no pagó su entrada a la comodidad y la empatía. Sin saber aún lo de su casa en California, seguro el Pacman se sintió timado estando aún en la batalla por la poca pieza que le acomodaron luego de un periodo importante sin acción.

Yo también siento que me robaron la mitad de la velada, por tratarse de una función que prometía mucho pero que empezó tarde y que al final no cumplió con las expectativas generales y sólo consiguió que viéramos el pleito por compromiso, pero con el cansancio atravesado en los párpados que descansaban en medio de los rounds. Herido del ojo, agotado, aburrido de pelear con un sparring de poca monta y atacado indirectamente por aquellos delincuentes en su casa, Pacquiao se enfrentó a una noche no tan buena como a las que está acostumbrado, que sin llegar a la tragedia le marcó un muy mal inicio de año y de un retiro inminente que siempre se desea más digno.


mar_mtz89@hotmail.com





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