Fajadores y estilistas

Vejez y juventud: "knock out"

Martín Eduardo Martínez

Es definitivo: hay cosas que solo se curan con la edad. La más clara e irrefutable, por supuesto, es la inexperiencia y la falta de táctica o estrategia para hacer la más insignificante de las cosas. Cuando un joven, aprendiz de todo, alcanza el temple necesario para ejercer su vida de manera plena en cualquier ámbito, habrá de encontrarse de frente y hacia atrás únicamente para ser testigo de que ha pagado con su propia juventud el precio de la sabiduría. Esta sentencia parafraseada, tan cierta como elemental, forma parte de las páginas que componen el cuento “Un bistec”, de Jack London, publicado en 2011 por la editorial Libros del Zorro Rojo e ilustrado por Enrique Breccia.

Los tres cuentos, escritos entre 1905 y 1911 por quien también tuviera acercamientos reales con el boxeo, principalmente como periodista y crítico —un tanto racista, habría que decir— tienen su estandarte en el primero de ellos, “Un bistec”, que cuenta la historia desgarradora de Tom King, un boxeador australiano excampeón de los pesos pesados, de glorias anteriores, de fama derruida y de un futuro completamente incierto. King, que debe una de sus rentas y no tiene un penique para llevar comida a su mujer y sus hijos, tiene la oportunidad de pelear con el joven Sandel, un recién adoptado del boxeo profesional de principios del siglo XX (cuando los encuentros se realizaban todavía a veinte asaltos), por dos objetivos completamente diferentes. Sandel, quien tiene un futuro prometedor y posee la fuerza ideal para alcanzar los más grandes títulos, pelea por esa supremacía y reconocimiento de la subida y el éxito, mientras, por otro lado, los cuarenta años del viejo Tom King y el cuerpo que los contiene luchan por las treinta libras de la bolsa ganadora de esa noche, sin más en mente que comprar un bistec para él, comida para su familia y la liquidación de su alquiler.

King sabe que ha perdido antes de comenzar la batalla porque la deformidad de su cuerpo maltrecho, la ausencia de una buena alimentación por falta de dinero para costearla y la mentalidad de quien se ha sabido perdedor toda la vida. Tan deformes como sus extremidades, sus sueños se vislumbran a lo lejos, pero cayéndose a cachos con cada round que transcurre sobre la lona, en un vaivén de emociones que nos ubican del lado del excampeón solamente para verlo perder al final, un final que se puede adivinar desde las páginas previas pero que no obstante no deja de sorprendernos y hacernos caer en blackout junto con el héroe del relato. Glorias que no volverán se debaten en la misma mesa que una serie de reflexiones acerca de la intrepidez y estulticia de la juventud y la sabiduría probada pero ya sin fuerzas físicas de la vejez en la que el ganador, antes que Sandel o King, es el lector, por haber llegado tan a tiempo para leer este texto que no tiene tiempo ni edad, contrario a los protagonistas.

Volví a este cuento para empezar el año con uno de mis libros de cabecera que apenas pude conseguir en físico recientemente y que recomiendo sin chistar. Knock Out. Tres historias de boxeo, libro en que se incluye, además de los grandes “El mexicano” y “El combate”, “Un bistec”, es piedra angular y canasta básica de todo aquel interesado en el mundo de los guantes y los puñetazos. Una traducción limpia y que respeta la abundancia de adjetivos empleados por London en su versión original —que sin embargo no lo dañan en absoluto porque están insertados de manera oportuna— da como resultado un mar de sensaciones que viajan por el centro de lo humano: la compasión, el hambre, la empatía, la alegría pasada y el fracaso. Una excelente manera, insisto, para comenzar el año, salir de la cloaca e intentar, con todas las fuerzas posibles, tanto como King, llevar al mejor puerto posible esta vida, que ya estaba echada por la borda desde antes de empezar.


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