Apuntes incómodos

El Índice mexicano

Maruan Soto Antaki

A Ramón Córdoba, en memoria.

No hemos tenido una discusión sobre políticas culturales. Nos quedamos con la andanada de concepciones que reduce los debates a una manifestación de posturas previamente establecidas, y la obligada defensa contra el juicio sin matices. Es necesario ser poseedor de una franca torpeza para imaginar que, inmersos en el furor por los señalamientos, una lista que adjetiva y enumera a beneficiaros de apoyos culturales no tiene lectura política. En el entorno que ha construido Palacio Nacional, cualquier lista será equivalente a la denostación de quien aparezca ahí. Se ha publicado el Index medieval que cataloga los autores heréticos del México moderno.

Tres postales intermitentes reflejan la relación de los gobiernos mexicanos con la cultura. El actual adoptó todas. La definición de lo cultural bajo la mirada de los poderes, el uso de un instrumento cultural para utilidad política, y la suposición de que la producción cultural debe encontrar fuera de sí, una justificación que resulte en lo que se entienda como utilidad social.

Cuando la agencia de noticias del Estado editorializa en la publicación de sus notas, es el Estado quien lo hace. Los sujetos de juicio son quienes se nombran. No estamos hablando de delincuentes u operadores al margen de la ley. El periodismo de adjetivos dictó veredicto. Vimos cómo se trató la información sobre un instrumento cultural para obtener utilidad política. Lo que podría resultar discutible al referirse al periodismo privado, el natural, es inadmisible en el caso estatal. Si un periodista no es consciente de la influencia del entorno en lo que publica, quizá haya olvidado lo que rodea al periodismo.

Entre las obligaciones más nobles de un Estado se encuentra proteger las expresiones culturales que no podrían subsistir de supeditarse exclusivamente al mercado. La utilidad social de la obra es la obra misma. No sus alcances masivos y menos su relevancia inmediata. Cuando las nociones de utilidad social en el arte se definen con la mirada política del presente, lo común es que se haga propaganda. Una novela reciente puede ser imprescindible dentro de medio siglo para entender la realidad mexicana. Incluso si hoy apenas contó con veinte lectores.

Lo subjetivo en la utilidad social da, en esta época, frutos equivalentes a la imposición de elementos morales al arte. Ni moralidad ni utilidad social deben acotar a la creación artística o intelectual. Cualquier persona dedicada a dichos oficios es consciente de ello, a menos de que haya confundido lo que rodea al arte y el pensamiento. Por eso la retórica preocupa. Como jefe de Estado hay que ser un perfecto cretino para ver virtud en el apoyo a la concepción individual de la cultura, relegando las demás visiones.

Si el enaltecimiento de lo local no alimenta nuestra propia universalidad, estaremos volviendo al México chauvinista del que nos costó décadas salir.

Lo que desde la mirada pragmática aparenta futilidad, es la utilidad del arte. Corrientes de derecha han visto prescindible aquello que proveía réditos en lo intangible. Otras, de supuesta izquierda, han repetido el esquema cuando su entendimiento de lo social excluye lo que hace sociedad.

@_Maruan

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