Apuntes incómodos

La guardia y la moral

Maruan Soto Antaki

Cuando el malentendido y la manipulación de lo moral entran a los terrenos políticos se le abre la puerta a aberraciones que han probado resultados negativos: la Guardia Nacional. Más que una planeación política con atisbos de falta de estrategia o mera ineptitud —ésta, producto de la falta de estrategia—, gran parte de los conflictos e insensatez en las acciones del gobierno mexicano surgen de su insistencia en relacionar sus propios conceptos morales a las políticas que implementa.

Pocas condiciones son más rechazadas por cualquier sociedad como las incertidumbres, para intentar contener el peso de lo que no conocemos y permite la posibilidad del daño, la moral se establece como una búsqueda de patrones de certeza. A diferencia de la política que permite controlar la realidad, la moral sirve para anticipar los efectos de la misma realidad. Por eso, todo individuo o grupo de individuos se construyen y se desarrollan dentro de elementos morales.

Aunque inmediatamente fue reemplazado por el dictamen en la Cámara de Diputados acerca la Guardia Nacional, el debate sobre la reedición de una versión de la Cartilla moral de Alfonso Reyes, desde sus malentendidos, deja ver las raíces de la política nacional actual. Lectores se equivocan al creer que toda moral es religiosa, como el Presidente al creer que los caminos de la religiosidad más arcaica son válidos para hacer política.

El secuestro de la moral por sus acepciones religiosas desvirtuó la diferenciación del bien y el mal, a causa de la institución que durante siglos monopolizó dicha diferencia; siempre desde la visión de quien obtenía beneficios de ella: la Iglesia.

¿Qué otra institución se decantaría por decir algo sin necesidad de probarlo? La prueba, más allá de las razones o el estudio, se encuentra en el mero pronunciamiento de su palabra. Voz indiscutible a punta de una idea de pulcritud que se transforma en argumento absoluto. ¿Quién más se contradiría en versiones históricas donde una última frase borra la previa?

La política mexicana está llena de ejemplos bajo esta norma. Así actuaron los gobiernos predemocráticos y posteriores a la transición. Incluyendo con palmas el de hoy.

El paternalismo hacia sus allegados no es nuevo en la tradición de los poderes nacionales, o la humillación contra otros, como gobernadores que son tratados con la reprochable condescendencia que en ocasiones se le impone a un niño.

El trato infantil a una ciudadanía dispuesta a recibirlo es insumo del padre o del cura que gusta de sentirse aplaudido por sus hijos, con la intención de hacer irrefutables sus consejos de crianza, morales o no.

Nuestra relación con la política es constantemente religiosa, la concepción de la moral, erróneamente, insisto, también. Mezclados los tropiezos el desenlace es complicado. Expiación y salvación como recursos políticos, parte del discurso de estructura religiosa y de aplicación cívica.

Una concepción de la bondad y la maldad siempre se mostrará limitada cuando se cree y afirma que los hijos, el pueblo, es bueno por naturaleza. Como no lo es creamos las leyes, pero si esas leyes las hacemos para ajustarse y cumplir una sola visión de lo moral, haremos todo menos democracia.


@_Maruan





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