Bambi vs. Godzilla

"La Monja": Demián Bichir, cazador de demonios

Maximiliano Torres

El mayor síntoma de actividad paranormal para el que hay que estar preparados al ver La Monja es Demián Bichir interpretando a un exorcista.

El nominado al Oscar, el ganador del Ariel, el secuaz de Quentin Tarantino, pone un pie en suelo comercial para unirse a una de las franquicias más astutas de Hollywood, la de El Conjuro. Nada tiene de malo este cambio de liga, excepto que el actor mexicano se unió un poco tarde a este universo. Tarde en términos de efervescencia creativa, ya que, financieramente, la saga se encuentra en su mejor momento: en Estados Unidos, La Monja tuvo el mejor debut en taquilla de las cinco películas que componen esta serie fílmica.

Cuando digo que El Conjuro es una franquicia astuta me refiero a que no comparte características con ningún producto masivo hollywoodense. Sus episodios se hacen no a partir de los protagonistas sino de sus criaturas sobrenaturales o antagónicas, su presupuesto es relativamente bajo y sus historias no requieren de continuidad; pueden verse en desorden sin alterar su apreciación. A eso agreguémosle que el género del horror, al hablar de franquicias, no es tan competitivo como el de superhéroes, la ciencia ficción o lo fantástico.

La quinta entrega de este universo de terror concebido por James Wan cumple con estos requisitos, aunque con menor efecto. Para explicarnos el origen de aquella pintura de una monja demoniaca que apareció en El Conjuro 2, el guión de La Monja retrocede en el tiempo hasta el año 1952 para narrar la anécdota de una monja que se quitó la vida en un monasterio en Rumanía. Comisionado por el Vaticano para esclarecer el caso, el Padre Anthony Burke (Demián Bichir), un sacerdote con experiencia en exorcismos, hará dupla con Irene (Taissa Farmiga), una novicia a punto de tomar sus votos. Irene desconoce por qué el Vaticano la ha llamado a esta misión, ya que nunca ha estado en Rumanía y su experiencia en estos casos es nula.

Limitada a un par de recursos para asustar, mismos que repite hasta el cansancio en su hora y media de duración, La Monja está no solo por debajo del promedio de esta saga, también muy lejos del sello de James Wan como creador del concepto, sobre todo de la impredictibilidad de sus tácticas para causar miedo. Le restan atmósfera sus pasajes de humor, una tibia subtrama romántica y un personaje que parece salido de Scooby Doo. Como protagonista, no es que Demián Bichir haga algo mal en su papel de clérigo cazademonios; se trata más bien de una cuestión de casting. Buena parte de la trama lo vemos de traje, abrigo y sombrero. Ojalá esta cinta le funcione como audición para un papel de impecable gángster, que es lo que proyecta, más que un sacerdote. Propensa a los sustos fáciles, escasa de memorables escenas que distinguieron a la cinta que originó esta saga, La Monja difícilmente hará al público saltar de su butaca.

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