Columna de Melisa Agüero

¿Quién termina resolviendo las problemáticas sociales?

Melisa Agüero

El voto, la expresión más representativa de lo que es la participación social. La participación social, abnegado concepto que pretende, a manera de discurso, presentar a un gobierno cercano a la población: el voto le hace creer al gobierno que provee democracia y al ciudadano que está contribuyendo a un país mejor, pero ¿qué pasa cuando ya se votó y hay que lograr los objetivos propuestos?, ¿realmente existe esa participación social?, ¿existe apertura del gobierno para inmiscuir a la sociedad en la toma de decisiones?, ¿hay interés por conocer su punto de vista?, ¿están abiertos a las críticas?, ¿existe un interés real en el empoderamiento ciudadano?

La sociedad se volvió para el político su peor enemigo y mientras esta idea prevalezca, la participación social se vuelve una utopía. No existe una autoestima política que le permita a la autoridad gubernamental entrever los errores que comente, para volverse solo eso: errores, errores que se pueden solucionar una vez que los aceptamos. El primer paso es aceptarlo, dicen algunos; y es verdad que si no aceptamos que algo es incorrecto, no haremos nada por alcanzar una mejoría.

Lo que sí existe en las autoridades locales es un ego invencible, no importa qué tan evidente sea su incapacidad para resolver ciertos temas, siempre encontrarán más elementos para justificarse que para emprender una valiente solución. Es así como la sociedad se ve desacreditada a medida que exige; entre más exige, más ignorantes son, así le gusta al gobierno hacerlo ver. Para ejemplos tenemos cientos, no importa el caso, regularmente el discurso raya en que la población exige sin tener conocimiento de causa, sin saber cómo funciona el órgano gubernamental, sin tomar en cuenta el recurso con el que cuenta la instancia, entre muchas otras malversaciones.

Encasillados como una sociedad ignorante es fácil vendernos el concepto de empoderamiento, el cual realmente es un factor de moda para capacitarnos a veces sin necesidad. El empoderamiento: método implacable para justificar que la población no está capacitada para gestionar soluciones a las problemáticas sociales de manera óptima, en lugar de aceptar que a veces quienes no cuentan con las herramientas de resolución son los mismos políticos.

Y no, no está mal que los políticos no cuenten con herramientas de resolución de problemas sociales, de hecho es lo más normal, no todos sabemos todo y es bueno saberlo, pero si no lo sabemos o no lo queremos ver, probablemente nuestra soberbia nos haga tomar decisiones desinformadas y, sobre todo, desinteresadas por el bien común.

Ante esta cerrazón de los gobiernos, la incredulidad sobre sus estrategias de acercamiento ciudadano queda impresa en la sociedad y finalmente ésta opta por acercarse a organizaciones no gubernamentales a la hora de buscar atención o justicia.

Pero la ruta en la búsqueda de solución a las problemáticas sociales no termina ahí, porque se sobrecarga de trabajo a tan solo un sector minoritario de la población; es decir, las organizaciones comienzan a recibir más quejas que las mismas instancias encargadas de velar un tema en particular: ellos reciben menos quejas, los ciudadanos más, y de pronto en el inconsciente colectivo se comienza a crear la idea de que una organización tiene aún más responsabilidad de resolver el problema que las mismas instancias creadas para atender ese rubro y a las cuales se les destina un recurso para ese cometido.

Y se sigue así en la inercia, tirando la bolita por aquí y por allá, el gobierno del estado de Hidalgo ha desatendido muchos temas, pero en el que aquí concierne, sobre derechos animales, ha demostrado una incapacidad de resolución. Después de más de 20 días en espera de una respuesta de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo sobre las peticiones ciudadanas entregadas el 14 de febrero en las instalaciones de la Procuraduría Estatal de Medio Ambiente, los activistas hidalguenses aún viven en la incertidumbre sobre el quehacer gubernamental ante los derechos animales, pero los casos se siguen sumando y los recursos se siguen repartiendo en cada instancia a pesar de esta presunta inoperancia.

Como siempre, seguimos con más preguntas que respuestas de nuestras instituciones, por lo que se necesita de un Ejecutivo estatal que no solo dé instrucción para la implementación de tal o cual programa o iniciativa, sino que se sume a la exigencia ciudadana para demandar un trabajo de excelencia de sus instituciones, no solo de las secretarías, sino de cada área y departamento que conforme el entramado gubernamental que hoy tiene mucho que responder sobre las estrategias a tomar para lograr el bienestar animal que se nos prometió desde 2017.

Señor gobernador, ¿cree que pueda echar un ojo al caso de Xochicoatlán, donde cazaron pumas y exhibieron la acción como una gran hazaña? ¿cree que podría demandarle al municipio de Mineral del Monte que en lugar de envenenar perros antes de Semana Santa, mejor opte por una estrategia eficiente de control canino? ¿cree que podría exigirle a la Semarnath una repuesta a las peticiones ciudadanas para capacitar a su personal y con ello darle justicia a los casos de maltrato animal denunciados? No se pide nada extraordinario, solo cumplir con lo que a cada quien compete.

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