En pocas palabras…

Ni con el pétalo de una rosa...

Miguel Ángel Vargas

En la Ciudad de México, las mujeres han sido víctimas de ataques en las últimas semanas afuera de las estaciones del Metro, sin que la autoridad haya hecho algo al respecto. De entrada reaccionaron tarde, y actuaron en gran medida por las presión de las redes sociales, donde la mayoría de las jovencitas denunciaron las agresiones.

Apenas la semana pasada salieron a las calles para expresar su rechazo, pues son cada vez más frecuentes los casos donde los hombres abusan de su fuerza física para atacarlas, sin que la policía actúe.

La violencia de género es una constante en todo el país, y por supuesto Nuevo León no es la excepción. La Fiscalía General del Estado debe tener estadísticas más precisas sobre el número de delitos donde la mujer es el centro de la agresión y no solamente en forma de golpes.

Las vejaciones en contra de las mujeres se manifiestan hasta en algunos géneros musicales muy escuchados por las nuevas generaciones.

En lo personal conozco la letra de algunas canciones de reggaetón y de música de banda, donde el lenguaje en contra de las mujeres es excesivamente inapropiado y yo diría que hasta fomentan la violencia verbal.

Sin duda han cambiado los tiempos, pues de chico me enseñaron que a la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa. Parece que esa lección de vida quedó en el pasado.

Las agresiones entre parejas van al alza desde el noviazgo, y para cuando llegan al matrimonio la situación se vuelve todavía más compleja. Contra eso poco o nada pueden hacer las autoridades si desde el hogar no se combaten.

En días pasados, el municipio de Salinas Victoria fue escenario de una verdadera tragedia donde una desesperada mujer privó de la vida a sus tres pequeñas hijas para luego suicidarse.

Según las primeras investigaciones, esta joven ama de casa había llegado al estado en fecha reciente de Chihuahua, con un antecedente de violencia familiar. Al menos eso declaró la hermana de la señora de apellido Cruz.

No pretendo juzgarla por tomar la fatal decisión, pero debió haber estado sometida a una fuerte presión y sobre todo a un entorno de agresiones por parte de su pareja. Lo peor del caso es que seguramente ninguna instancia oficial se acercó a ella para ayudarla.


miguelangel.vargas@milenio.com





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