En pocas palabras…

Tlahuelilpan: una lección dolorosa

Miguel Ángel Vargas

La tragedia ocurrida el viernes en el municipio de Tlahuelilpan, Hidalgo, es, sin duda alguna, una dolorosa lección para todo el país. En casa platicaba con mi hijo José María, de 15 años, sobre la responsabilidad de las personas afectadas y llegamos a la conclusión de no criminalizar a las víctimas.

Hasta ayer por la noche la cifra de personas fallecidas por la explosión de un ducto de Pemex llegó a 85 y seguramente superará el centenar si tomamos en cuenta los 65 desaparecidos y los casi 60 lesionados cuyo estado se reporta como delicado.

En las redes sociales hay opiniones divididas al respecto. Hay quienes los califican como presuntos delincuentes, porque, según dicen, aprovecharon la ocasión para sustraer indebidamente el combustible derramado.

Por otro lado, hay muchas expresiones de solidaridad con las familias que perdieron a sus seres queridos, pues los consideran víctimas de su propia ignorancia, y si acaso, les ganó la avaricia.

A los habitantes de Tlahuelilpan que acudieron ese fatídico día a la toma clandestina que explotó, los movió el ánimo de ganarse algunos pesos al obtener gasolina o abastecerse ante la escasez que existía en el estado de Hidalgo.

En varias regiones se han visto ejemplos de rapiña en diferentes modalidades. Cuando algún tráiler o vehículo con artículos de valor se accidenta, la gente, en lugar de ayudar, se dedica a llevarse la mercancía.

Lo hacen sin medir las consecuencias, y de manera imprudente, muchas veces, en plena carretera, arriesgan la vida con tal de llevarse algún producto.

En el caso de Tlahuelilpan, los habitantes pensaron obtener alguna ganancia de la situación, pero nunca midieron el peligro y la vida se encargó de darles a ellos y a los mexicanos, una dura lección.

Primero a quienes por alguna circunstancia se vean involucrados en situaciones parecidas, para que no jueguen con gasolina o líquidos peligrosos, y también a las autoridades de todos los niveles, para que impongan la ley por la seguridad de la gente.

El saldo de víctimas mortales superará el centenar, por lo que quedará en la memoria de una sociedad cuyos valores parecen ir a la baja, y de los gobiernos e instituciones que por miedo a la opinión pública dejan de hacer su trabajo.


miguelangel.vargas@milenio.com





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