En pocas palabras…

Transporte pésimo y caro

Miguel Ángel Vargas

En la década de los 80 cuando el que esto escribe iniciaba la carrera profesional en la Facultad de Comunicación, ubicada en la Unidad Mederos, había que tomar hasta tres camiones para llegar a la escuela. Luego otros tres de regreso, por lo que el gasto, solo para transporte, era considerable.

En aquel tiempo había que ahorrar, y para ello a veces optamos por caminar en más de una ocasión. De ello se acordarán algunos de mis compañeros como Miguel Ángel Arritola o Héctor Hugo Jiménez, Héctor Villarreal y Teresita Vázquez, entre otros.

Por fortuna, la inseguridad no era tan alta como actualmente, y entre la plática y las bromas, el trayecto de varios kilómetros se hacía corto, pues lo importante era cuidar, ya no digamos los pesos, sino los centavos.

Aunque las tarifas deben ser muy diferentes, la situación para miles de estudiantes y trabajadores es la misma, pues destinan un parte importante de su salario para llegar a su destino.

En la actualidad deben ser muchos miles más los usuarios del servicio público que se desplazan de un punto de la ciudad a otro para llegar a sus trabajos. Sin embargo, el parque vehicular está convertido en chatarra.

Los transportistas aseguran que los aumentos al combustible y las refacciones hacen imposible renovar la flota de camiones y las unidades son cada vez más inseguras.

Desde que tengo uso de razón es la misma queja de los empresarios y permisionarios, pero en honor a la verdad, no conozco uno de ellos en mala situación económica, y de ser así, es por su falta de capacidad para administrarse.

Hace unas semanas en el programa Cambios 27, del arquitecto Héctor Benavides, escuchaba las versiones de cada una de las partes involucradas en el tema, y todos coinciden en que el gobierno estatal no ha querido entrarle con seriedad al problema.

Peor aún, Jaime Rodríguez Calderón y el secretario general de gobierno, Manuel González Flores han respondido con represión en contra de los activistas que protestaban afuera del Palacio de Cantera.

Ni Jaime ni Manuel tienen la sensibilidad para entender que los ciudadanos tienen preferencia, y aunque los dueños del transporte tengan argumentos de peso, en este caso de pesos, el pueblo es primero. Se ve que ambos se olvidaron muy pronto de sus tiempos de estudiantes cuando el dinero era poco y había que sudar para ganarlo.

miguelangel.vargas@milenio.com



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