Columna de Miguel Bazdresch Parada

¿De quién es la casa?

Miguel Bazdresch Parada

Largas filas de automóviles se observan en ciertas calles y aun en avenidas, en estos días. En la punta de la fila casi siempre habrá una gasolinera abierta. En la fila, de principio a fin, habrá conductores pacientes y esperanzados de llegar hasta una de las bombas de despacho de combustibles antes de escuchar el aviso de un empleado: “Ya se nos acabó, disculpe la molestia. Chance mañana nos llegue una pipa”.

Sin duda los mexicanos somos aguantadores y solidarios. Aguantamos la escasez, hacemos fila ordenada, no se ve que un atrevido quiera meterse en la fila, con paciencia apagamos el motor y empujamos (y ayudamos a otros a empujar) el auto según avanza la fila para no contaminar y no gastar el resto que nos queda, no hacemos grandes protestas, nos avisamos de las gasolineras abiertas y comentamos el punto con despachadores y choferes sufrientes comunes del mismo mal. Desde luego en más de algunos, lógico, se reduce la confianza en el nuevo gobierno y sus dirigentes.

Mil comentarios desde el apoyo al control del robo de gasolina hasta el insulto, el sarcasmo y la burla pueden escucharse en la calle y leerse en periódicos y redes sociales acerca del “no-desabasto de combustibles” y los problemas de distribución “que ya estamos atendiendo”, según juicio del gobierno y sus voceros. La ocasión ha sido excelente oportunidad de ver un país habitado por mexicanos aceptantes, interesados, obedientes, apoyadores y discutidores a propósito de la calamidad. Está siendo un privilegio.

Este fenómeno permite además ver y sentir que este país no es de los políticos, no es del gobierno cualquiera que sea su denominación, no es tampoco de los medios de comunicación o de las redes sociales. Es de quienes habitamos la casa común. No se trata de condescendencia con el poder y sus “enredos”. No es simple apoyo a una estrategia (si lo fuera) de atender un problema desatendido y complejo. Es una vivencia y conciencia de lo que sí es, a veces muy en el fondo, este país. No lo que creemos. No lo que recitamos por patriotismo mal comprendido. No porque el gobierno nos es simpático o por lo contario. Es por tener muy en la cara la cruda realidad, no la película o el anuncio, de quienes somos los dueños de la casa común.

Bendita falta de gasolina. Es la oportunidad de entendernos habitantes de la casa común sin importar posturas y simpatías.

OPINIONES MÁS VISTAS