Columna de Miguel Zárate Hernández

AMLO y Jalisco

Miguel Zárate Hernández

La tragedia de Tlahuelilpan-sin duda la peor en la historia del huachicoleo-, mantuvo en veremos el desarrollo de una interesante visita de Andrés Manuel López Obrador a Jalisco. Parecía insólito que ante la magnitud de lo sucedido el presidente prosiguiera su “agenda” aunque, en cierta forma, hay dudas de si esto afectará los planes de la urgente apertura del ducto que viene de Salamanca a Guadalajara y, de esta manera, iniciar el proceso de normalización del abasto de combustible a la entidad, cuestión que era tema obligado y tal vez de anuncio durante dicha visita. Habrá que esperar, pero es un hecho que parece mejorar las relaciones Alfaro-AMLO y que la tónica será de encontrar entendimiento. Mejor para ambos y desde luego para la entidad ya que no hay antecedente en los anales nacionales de que de una pugna entre gobiernos estatal y federal, el primero haya salido ganando.

Primero, y a propósito del tema de los combustibles, quizá a estas alturas ya se hayan tomado algunas decisiones. El caso de Tlahuelilpan sólo muestra una vez más la impericia en el manejo de estas situaciones. Nos quedan dudas de si el Ejército u otras fuerzas de seguridad hubieran de alguna manera contenido la rapiña (aunque López Obrador quiera llamarle de otro modo), marcando un cordón de contención o algo parecido, y así quizá no se hubieran dado tantas muertes. No es cuestión de represión ni de “violencia contra violencia” sino de aplicación de las leyes, preservación del orden público y, en casos como éste, hasta de protección civil. Ante la mirada de soldados y policías el saqueo continuó alegremente hasta que una chispa encendió la pira donde quedaron docenas y docenas de personas incineradas en vida. En realidad, otra prueba de que los planes antihuachicoleo siguen siendo improvisados, o que son un simple desastre.

En Jalisco entramos ya en la tercera semana de desabasto. Hay quienes afirman que el nuevo gobierno federal está subido en una máquina del tiempo que solamente conduce al pasado. Por ejemplo, hay que partir de que el ducto de Salamanca a la capital jalisciense fue inaugurado ¡hace cincuenta años!, o sea que medio siglo atrás ya se consideraba indispensable. Imaginemos lo que la situación se ha acentuado con el crecimiento poblacional, industrial, social y económico y que, de acuerdo a los planes “para no depender tanto de los ductos”, se restablezca un sistema de pipas que son caras, lentas, peligrosas en calles y carreteras. Las 500 que quiere López Obrador tardarían en entrar en operación hasta dos o tres años. ¿Y mientras qué hacemos? Sobre el particular el gobernador Enrique Alfaro ha, digamos, “moderado” su nivel de reclamo, pero las necesidades apremian, desesperan, y no tardará en que con culpa o sin ella, también empiece a resentir el costo político del desabasto.

En muchas cosas este “nuevo” gobierno ya huele a “viejo”. Y no lo decimos por la edad promedio de sus funcionarios sino porque se retrae con sus políticas incluso décadas. La vuelta a los “precios de garantía” que dieron origen a la CONASUPO -fundada en el gobierno de Adolfo López Mateos-, tenía entonces una finalidad de suministro de alimentos esenciales a la población, mediante subsidios a los productores que a lo largo de los años lo convirtieron en uno de los más grandes negocios para unos cuantos. Y para ello, nada más idóneo que poner al frente a Ignacio Ovalle, político ¡del echeverrismo! y, ya con Salinas, nada menos que director de la misma Conasupo, -que ahora será Segalmex-, fue creador de los polémicos “tortivales” y, a la postre, liquidador de la misma paraestatal por la nueva corriente neoliberalista. Otra vuelta al pasado.

Diremos que este es un entorno en el que consideramos poco parece importar a López Obrador lo que piensan y necesitan los jaliscienses. El gobernador Alfaro adopta una necesaria actitud de expectativa de que las cosas mejoren, si bien se ven frenados programas como los del transporte urbano ya que en el caso de la costosísima “línea 3”, las obras finales siguen paradas sin fecha de conclusión, de la “línea 4” ofrecida por Alfaro sólo asoma una perspectiva de endeudamiento estatal y, además, quedan en el aire obras en proceso, como la autopista a Vallarta, libramientos, el tema del abasto de agua potable a la zona metropolitana, etcétera, etcétera. Ni los contrincantes de Alfaro en campaña llegaron a imaginar que esta vez se trataba de la verdadera rifa del tigre. Así que, efectivamente, la visita cancelada de López Obrador -suponemos que se realizará en fecha muy próxima-, seguirá teniendo enormes expectativas.

Lo que sí se ve, -¿habría negociación al respecto?-, muy disminuido el anunciado poder del “superdelegado” Carlos Lomelí aunque bajita la mano sigue colocando sus piezas en la baraja de funcionarios federales que le tocó y trata a como dé lugar de posicionarse aunque, ojalá, por simple ambición no se convierta en obstáculo para una mejor presencia y vinculación de AMLO y Jalisco.

Posdata: Alejandro Gertz Manero es un buen jurista y maestro, secretario de Seguridad Pública del perredista Cuauhtémoc Cárdenas y del panista Vicente Fox pero, la verdad, ¿alguien tiene duda de que finalmente el fiscal carnal “va porque va”?


miguel.zarateh@hotmail.com



Twitter: @MiguelZarateH





OPINIONES MÁS VISTAS