Columna de Miguel Zárate Hernández

Hora de “cambiar la historia”

Miguel Zárate Hernández

Las promesas de “cambiar la historia” en este país prácticamente han entrado en la etapa de cuenta regresiva. Desde luego que faltan casi tres meses para que inicie la nueva administración que encabezará Andrés Manuel López Obrador, pero de suyo el arranque de la nueva Legislatura federal constituye de por sí la transición misma ya que, contando con mayoría afín al Presidente electo, empezará a surtir sus efectos a través de las modificaciones e iniciativas que darán forma y regularán en adelante al nuevo gobierno. Junto con el último mensaje de administración de Enrique Peña Nieto, que por partes nos receta a nivel saturación a través de los medios electrónicos del país, de hecho termina una época (que no es fácil decirlo) y se abre otra que, a pesar de los optimismos desbordados, no deja de causar todavía incógnitas e incertidumbres.

El sexto informe presidencial, y no es de ahora, pasa a ser casi un formulismo tradicional, pero tal vez pocas veces tan justificativo de una administración fallida en tantos aspectos. De ahí que el “balance” oficial pasa a segundo término ante las expectativas de la inminente gestión que, por su parte, busca a diario hacerse presente en las notas informativas en los dos meses de consumada victoria, y lo que falta hasta la toma de posesión. No obstante, el relevo en el Congreso de la Unión ya marca un parteaguas puesto que empezarán a surgir los cambios preparatorios. Sobre doce puntos de prioridad “lopezobradorista” trabajarán diputados federales y senadores, a la vez que se darán las modificaciones esperadas a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, entre las que sin duda figuran la re-creación de la Secretaría de Seguridad Pública, cambios de denominación a otras dependencias o su asimilación, la controvertida integración de “super-delegaciones” y de menos los principios de la anunciada desconcentración de las secretarías de Estado y de otros organismos federales que ya muestra primeros indicios de rechazo entre los trabajadores de base y sindicalizados.

Ni qué decir la importancia de la formulación dela nueva Ley de Ingresos y del próximo presupuesto federal y los ajustes que Obrador, incluyendo el tema de salarios de altos funcionarios. También se verán pronto cambios al ordenamiento del propio Congreso, con medidas como la anulación de fueros y privilegios y el fin de las asignaciones discrecionales conocidas como “moches”. Esto además de la toma de decisiones que esperarán a que el nuevo Mandatario asuma formalmente sus funciones, como la derogación de la actual reforma educativa y muchos temas más que sin duda afectarán la vida pública de todo el país. Martí Batres y el longevo Porfirio Muñoz Ledo, al frente de las cámaras de Senadores y Diputados respectivamente, la tienen más que difícil, sin olvidar el “consenso” indispensable para la “transformación” anunciada ya que también requerirían en no pocos casos de mayoría calificada y hasta de acuerdos con los estados.

Empero, los puritanismos y buenas voluntades en los legisladores son difíciles de creer. Sin darle más importancia que la que tiene, solamente hay que ver los desplantes del nuevoy arrogante “senador” Napoleón y su medio centenar de guaruras de chaqueta roja que le acompañan o de una Nestora a la que se propuso nada menos que para la comisión de “derechos humanos”. Hágame usted favor.

Otros cambios se darán en pistas diferentes. El asunto más importante seguirá siendo el económico y aunque solamente faltó lanzar cohetes y campanas al vuelo por el anunciado nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos, la verdad es que hasta ahora solamente los canadienses parecen haberse dado cuenta de las “letras chiquitas” que no se han explicado. Aquí prevaleció la premura de los gobiernos de México y Estados Unidos. Uno por el cambio de estafeta y urgencia de sacar el “gol” del honor, mientras que Donald Trump no siente lo duro sino lo tupido hacia las elecciones intermedias de noviembre próximo con el manifiesto desprestigio y desgaste acelerado del presidente norteamericano, así como los conflictos de negocios con sus socios más importantes a los que sin duda quiso con lo de México mandar “mensaje” y dar una muestra de su fuerza.

Sin embargo, el prestigiado y tantas veces referido semanario londinense “The Economist” no tardó en emitir sus primeros juicios y, entre sus conclusiones, no tiene empacho en decir que a fin de cuentas México sí sale perdiendo. De hecho, Estados Unidos sólo tuvo que modificar tres de 22 objetivos que originalmente propuso (entre ellos la llamada cláusula “sunset” o muerte súbita a los cinco años). En cambio, México tendrá que afrontar y a corto plazo, entre otras cosas, el riesgo de perder atractivo para la industria automotriz que se ubicó aquí por el tema de salarios (a 16 dólares la hora no se compara con los poco más de 2 dólares que se pagan actualmente en la fabricación de componentes, por ejemplo) y, lo más serio, que quedaron en el aire los temas trilaterales ante la prudencia y vigor con el que Canadá defiende palmo a palmo sus intereses. Nuestra consolación ante dicho tratado comercial que ya no se llamará TLC, claro está, es que peor sería no tenerlo.

Para “cambiar” la historia hace falta mucho más que anunciarlo. Que no se olvide. Esto, apenas, apenitas comienza.

miguel.zarateh@hotmail.com

Twitter: MiguelZarate_12



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