Casos y causas

Brian y la justicia transicional

Olga Sánchez Cordero

Brian tiene 3 años, es un superhéroe que recorre espacios violentos y sobrepoblados, entornos difíciles, fríos. Usa una capa que el viento hace volar; solo ve en negro, gris y beige (porque no conoce más colores), vuela entre las nubes —de tabaco y mariguana— como un rayo. ¡Brian es invisible!

Brian vive en un reclusorio femenil con su madre, Brian es un “niño invisible”.

A las siete de la noche Brian se dirige a las celdas y es encerrado con su madre, bajo candado. La cárcel ha sido su hogar desde que nació, y cuando cumpla 5 años y 11 meses, deberá enfrentarse a una nueva realidad: abandonar la prisión y a su madre, es decir, quedará en la “orfandad”.

Como Brian, los “niños invisibles” son niñas y niños que crecen y viven en prisión; esos que no forman parte del presupuesto penitenciario, esos que no son considerados como un grupo vulnerable ante la ley; esas niñas y niños, olvidados, que viven de las donaciones de diferentes ONG y de donadores particulares; esos que ni siquiera sabemos con exactitud cuántos son; esos que necesitan, desesperadamente, que los volteemos a ver, que no los olvidemos.

Quise narrarles la historia de Brian, porque es necesario que lo hagamos visible; es necesario que nuestra mirada se dirija a esas mexicanas y mexicanos que se encuentran privados de su libertad, pero, sobre todo, a sus hijos. A esas hijas e hijos que viven con sus madres en prisión, y a aquellos que han quedado en la orfandad —por las condenas de sus padres— sin oportunidades para su futuro.

Es urgente resolver el problema penitenciario en nuestro país. Porque en los centros de reclusión hay flagrantes violaciones a los derechos humanos de las y los internos y de sus hijos, además de que la corrupción produce otros delitos al interior de los mismos.

Necesitamos un gobierno con programas y políticas públicas, que se encarguen, específicamente, de desarrollar capacidades que puedan servir a todas y todos los que se encuentran en las cárceles, para así obtener oportunidades para su futuro.

Pero aún es más importante que nos procuremos un gobierno que construya, teniendo como principios prioritarios, la prevención social, por una parte, y la reinserción social como derecho humano.

Y es que para prevenir que mujeres —como la madre de Brian— lleguen a la cárcel, las políticas públicas tienen que atender las causas que las llevaron a delinquir; de ahí que una política de prevención sea indispensable en una justicia transicional.

Estoy convencida de que las acciones para reducir la violencia, en el corto plazo, no solo deben estar encaminadas al aspecto criminal, sino principalmente al fenómeno social. Se debe implementar un programa de prevención social de la violencia y el delito —sujeto a mecanismos de capacitación, transparencia y evaluación— diferenciando las labores prioritarias de prevención (focalizada en grupos en situación de riesgo y en demarcaciones prioritarias) de las actividades de fortalecimiento a las capacidades de las corporaciones policiacas.

En una justicia transicional —a nivel de prevención social— se requiere destinar recursos suficientes para implementar acciones educativas, culturales y de reconstrucción del tejido social a escala nacional. No hay mejor prevención que la existencia de un contexto social, cultural, jurídico y económico, que garantice la igualdad de oportunidades y el desarrollo adecuado de los proyectos de vida.

En esta política pública de prevención es necesario atender de manera especial a las niñas, niños y jóvenes que viven en condiciones de pobreza, rezago educativo y sin oportunidades de trabajo (en el caso de los jóvenes), como uno de los mecanismos para resolver el problema de la seguridad y reducir la violencia. BECARIOS SÍ, SICARIOS NO.

Pero también urgen políticas públicas de reinserción social —considerándola como un derecho humano desde el tratamiento hasta la reinserción social del individuo— para que no sea discriminado por la sociedad una vez que se reinserta a ella, asegurándole su plena incorporación y oportunidades laborales, de acuerdo con su proyecto de vida.

Brian es uno de los niños que atiende la asociación civil sin fines de lucro Reinserta un mexicano. Esta asociación tiene como objetivo mejorar la seguridad en el país trabajando con el México invisible: nuestras cárceles. Sus programas atienden a tres poblaciones: mujeres y niños en prisión, jóvenes en proceso de reinserción y personas injustamente encarceladas.

Desde aquí mi reconocimiento para Reinserta, y quiero decirles que comparto su posicionamiento de que el sistema penitenciario es un eje central en la seguridad, ya que, impulsando políticas públicas, en donde los ejes rectores sean la prevención del delito, la legalidad, la mejora en la impartición de justicia y el respeto a los derechos humanos —en especial de esas hijas e hijos de personas privadas de su libertad— se podrán atacar los problemas de raíz para crear transformaciones reales; porque mucho se puede lograr con el trabajo de gobierno y la sociedad civil para iniciar un proceso de pacificación en nuestro país.

No podemos dejar a esos niños y adolescentes vagar sin un futuro cierto.

Brian: te debemos una disculpa por el abandono en que te hemos tenido; te debemos una disculpa por no darte las oportunidades a las que tienes derecho, te debemos una disculpa por mantenerte invisible.

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