Casos y causas

El discurso de un estadista

Olga Sánchez Cordero

En México vivimos momentos realmente históricos, hemos alcanzado una elevada conciencia cívica y una sólida dignidad republicana.

La gente votó por un gobierno honrado y justo; se votó por un estadista que asimila correctamente los sentimientos expresados por el pueblo y que será un ejecutor —escrupuloso y fiel— de ese mandato.

En esta última entrega (pues, por cuestiones de agenda, solo colaboraré como columnista invitada) quise retomar el discurso de nuestro presidente electo, Andrés Manuel López Obrador.

Millones de mexicanas y mexicanos aspiramos a vivir en una sociedad mejor, y ello se alcanzará eliminando la monstruosa desigualdad económica y social; erradicando la prepotencia, el influyentismo, la deshonestidad, la ineficiencia; poniendo fin a la corrupción y a la impunidad, como bien señala quien será el futuro Presidente de México.

Y es que el motor del cambio está en todas y todos, en los actores de la vida social: en los poderes públicos y privados, en la sociedad civil, pero principalmente en la ciudadanía, con nuestro trabajo, alcanzaremos la reconciliación nacional, basada en el bienestar y en la justicia.

Yo fui invitada a colaborar para lograr que en México se viva en un verdadero estado de derecho, porque como dice Andrés Manuel: “El pueblo quiere legalidad”.

Y vuelvo a comprometerme —como lo señalé en la primera columna que escribí para este diario— a luchar para tener una sociedad más igualitaria, más sensible y respetuosa con los derechos de las personas; una sociedad que admire la diversidad cultural y la enorme riqueza de los usos y costumbres indígenas y de la comunidad afrodescendiente; una sociedad que viva una igualdad real entre el hombre y la mujer; una sociedad que respete cualquier preferencia sexual; una sociedad que reconozca los derechos de las niñas, niños y adolescentes; una sociedad incluyente que respete y empodere a toda persona con discapacidad y a todos los adultos mayores.

Porque con el respeto irrestricto de los derechos humanos y con el acatamiento al estado de derecho, tendremos una sociedad civil fortalecida, conocedora y activa, que busque la transparencia y la rendición de cuentas de los actos de todas las autoridades.

Bien lo dijo Andrés Manuel: “Los mexicanos votaron también para que se ponga fin a las imposiciones y los fraudes electorales. Quieren castigo por igual para políticos corruptos y para delincuentes comunes o de cuello blanco. La ciudadanía plasmó en su sufragio el anhelo de que los encargados de impartir justicia no actúen por consigna y que tengan el arrojo de sentirse libres para aplicar sin cortapisas ni servilismos el principio de que: al margen de la ley, nada, y por encima de la ley, nadie”.

En el nuevo gobierno tendremos la garantía de que el Ejecutivo no será más el poder de los poderes ni buscará someter a los otros, porque en el nuevo gobierno “cada quien actuará en el ámbito de su competencia y la suma de los trabajos respetuosos e independientes, fortalecerá a la República y el estado democrático de derecho transitará del ideal a la realidad”.

“El Presidente de la República no tendrá palomas mensajeras, ni halcones amenazantes.”

Por eso yo los invito, a todas y todos, a que nos procuremos un país en el que respetemos a las instituciones —a través del equilibrio entre el respeto a los derechos humanos y las acciones de gobierno– todo enmarcado por la constitucionalidad y la legalidad.

“No desaprovechemos o desperdiciemos este momento de condiciones políticas inmejorables para llevar a cabo la cuarta transformación de la vida pública de México. El pueblo ha conquistado con energía y dignidad su derecho indiscutible e indiscutido de regir sus propios destinos y de su gobierno”.

Andrés Manuel cuenta con la legitimidad para hacer realidad el deseo colectivo de vivir en paz, con justicia y libertad, y se compromete a ser fiel, en todos sus actos, al interés, a la voluntad y al bienestar del único que manda en este país: el pueblo de México.

Un discurso único de todo un estadista.

Y es por eso que me uno a su voz:

¡Que viva la cuarta transformación del país!

¡Que viva la nueva República!

¡Que viva la voluntad soberana del pueblo!

¡Viva México!

¡Viva México!

¡Viva México!

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