Casos y causas

Es hora: ¡a trabajar!

Olga Sánchez Cordero

En septiembre de 2017 firmé el Acuerdo de unidad por la prosperidad del pueblo y el renacimiento de México. Ese mismo mes entregué mi primera columna en este diario tras la honrosa invitación que me hiciera Carlos Marín.

En esa ocasión escribí sobre la necesidad de un cambio para nuestro país, pues nos era necesario un gobierno y una sociedad que buscara la igualdad y la tolerancia; un país con una mejor distribución del ingreso; un gobierno y una sociedad sensible y respetuosa a los derechos de las personas con discapacidad y adultos mayores; una sociedad que respete y admire la diversidad cultural y la enorme riqueza de los usos y costumbres indígenas —y un gobierno que lo respete y lo cuide—; necesitábamos una igualdad real entre el hombre y la mujer; requeríamos del reconocimiento de los derechos de los niños, niñas y adolescentes; del empoderamiento de las mujeres a través del respeto al principio de igualdad y no discriminación.

En pocas palabras: necesitábamos —escribí en esa ocasión— del respeto irrestricto de los derechos humanos; el acatamiento al estado de derecho; contar con una sociedad civil fortalecida y cada vez más activa; necesitábamos transparencia y rendición de cuentas de los actos de todas las autoridades; necesitábamos paz social.

Recuerdo también que me pregunté: ¿qué provoca el cambio?, ¿qué lo impulsa?, ¿qué lo sostiene?

Tras la gran fiesta democrática que vivimos en nuestro país el 1 de julio y con más de la mitad de los ciudadanos —que ejercieron el voto— a favor de Andrés Manuel López Obrador, se abrió la gran oportunidad para alcanzar la gran transformación que nuestro país necesita.

Pero el cambio lo provocamos, lo impulsamos y lo sostenemos, todos los mexicanos, y digo todos, porque a aquellos que no favorecieron con su voto a Andrés Manuel los necesitamos para alcanzar el bienestar de la nación y de su gente.

No creo que haya un mexicano que quiera vivir rodeado de violencia, de pobreza; no creo que haya un mexicano que quiera seguir excluido, marginado, discriminado, abandonado.

El cambio debe empezar desde nuestra casa, con nuestra gente, teniendo un trato de respeto, un trato igualitario en nuestra familia, rompiendo roles de género, no permitiendo ningún tipo de violencia. En una palabra: el cambio empieza con la democratización de la familia.

Pero también debemos cambiar nuestro trato hacia los demás, cuando vamos en el transporte público, cuando manejamos nuestro auto, en la relación con nuestros compañeros de trabajo: debemos ser solidarios, respetuosos de las reglas, de la ley.

Todo mexicano debe luchar por erradicar de nuestro país a la corrupción y a la impunidad, que tanto, y por tanto tiempo, han venido lastimándonos; y puede erradicarla no ofreciendo dadivas a ningún servidor público para recibir beneficios.

Cualquier ciudadano contribuirá a acabar con la corrupción y la impunidad cuando se empodere. Los ciudadanos deben exigir —sin temor— a todos aquellos que están en las funciones públicas (desde el Presidente) a que cumplan con su trabajo. Ya lo dijo Andrés Manuel: “Escucharemos a todos, atenderemos a todos, respetaremos a todos”, esa es la máxima que debe seguir todo aquel que se dedique y quiera dedicarse al servicio público. Todo servidor público debe tener siempre presente que su deber es servir con profesionalismo, con entusiasmo y con respeto a todos sus conciudadanos.

En el futuro gobierno será prioritario el combate a la corrupción y a la impunidad, porque bajo ninguna circunstancia serán toleradas: “Sea quien sea, será castigado —incluidos los compañeros de lucha, los funcionarios, los amigos y los familiares— cuando formen parte de actos de corrupción”, así también lo manifestó Andrés Manuel.

Comparto y me sumo al mensaje de nuestro virtual presidente electo, porque todos los mexicanos “debemos poner por encima de intereses personales —por legítimos que sean— el interés general”. Para cambiar tenemos que apegarnos a la legalidad, a fin de garantizar todas las libertades, individuales y sociales.

El reto es enorme, pero la motivación es aún mayor, porque es claro que en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador las políticas públicas tendrán siempre como eje fundamental a la persona, a su seguridad y a sus derechos.

Empecemos todos a trabajar, pues la labor será grande, difícil y agotadora; pero es labor de todos (incluyendo a los que no nos favorecieron con su voto), porque todos somos compañeros de viaje en este hermoso país.

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