Un cuento tonto para tontos

Agenda ética

Pablo Ayala Enríquez

Pablo Ayala Enríquez
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Durante la homilía de la misa para honrar la vida de Javier Campos y Joaquín Mora –los sacerdotes asesinados en la puerta de la iglesia de Cerocahui–, Javier Ávila dijo: “Respetuosamente pido, pedimos, señor Presidente de la República, revise su proyecto de seguridad pública, porque no vamos bien, y esto es clamor popular. […]Este evento lamentable no es aislado en nuestro país, un país invadido por la violencia y por la impunidad, nuestro tono es pacífico, pero fuerte y claro. […] Los abrazos ya no nos alcanzan para cubrir los balazos”.

Desde su propio púlpito, la réplica de AMLO no se hizo esperar: “Y esas expresiones de que ya no nos alcanzan los abrazos, ¿qué quieren los sacerdotes, que resolvamos los problemas con violencia? ¿Vamos a desaparecer a todos? ¿Vamos a apostar a la guerra? ¿Por qué no actuaron cuando Calderón de esa manera? ¿Por qué callaron cuando se ordenaron las masacres, cuando se puso en práctica el mátalos en caliente? ¿Por qué esa hipocresía? Eso no se debe permitir a nadie, y mucho menos a un religioso, sea pastor de una iglesia evangélica o sacerdote”.

Por su tono y contenido, la reacción de AMLO podría ser uno de los tantos absurdos e indignantes ejemplos que John Gray recoge en Perros de paja. Reflexiones sobre los humanos y otros animales, donde dice que quienes se desgarran las vestiduras en nombre de la rectitud, llegado el momento de ser sinceros consigo mismos, no pueden ocultar que “la moral desempeña un papel mucho más reducido en su vida del que le enseñaron debía desempeñar”.

Este es el caso de López Obrador. Sus contradicciones son tantas que su tan cacareada moral no va más allá de la burda ficción, porque, como afirma Gray, la moral defiende que “el valor de la vida es inestimable”, de ahí que me cueste tanto entender que AMLO reaccione con tanta frialdad ante el asesinato de tres inocentes. Como en otras tantas cosas, esta vez se equivoca, y mucho.

Cierto, hay momentos donde las virtudes pueden llegar a rivalizar entre sí, pero es improbable lograr la justicia dejando de lado la compasión. Sin ésta no hay justicia posible, ni manera en que la moral amleana deje de ser un cuento tonto para tontos.

Pablo Ayala Enríquez

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